Vista aérea de la Breitscheidplatz en Berlín Occidental

En entrevista con una televisora alemana, una mujer de unos 85 años de edad dijo lo siguiente: “¿Que si tengo miedo? He sobrevivido una guerra mundial, una guerra fría, la división del país, terrorismo de izquierda, catástrofes económicas… Creo que en Berlín hemos vivido lo suficiente”.

Así se encuentra Berlín estos días. El atentado en la Breitscheidplatz, al lado de la legendaria “Zoo Station”, el pasado lunes 19 de diciembre no estremeció a la capital alemana como se ve desde afuera. Adentro, como en el epicentro de un terremoto, muchos estamos cuajando la idea de que vivimos en la ciudad donde se cometió un atentado terrorista, un ataque a nuestras libertades, uno como los que cimbraron Madrid, Londres, Bruselas o París y que en Berlín nos hicieron temblar.

Grandes medios han salido con reportajes titulados como “Enormemente indiferente (Maximal unbeeindruck)”, o “No se siente el miedo en la ciudad”, y la misma Breitscheidplatz ha estado martes y miércoles con el botón de “mute”, salvo por algunos coros navideños que se dejaron escuchar espontáneamente. La gente sale a hacer sus compras, a cenar, viaja en transporte público y, de no ser porque las autoridades decidieron cerrar un día los mercaditos de Navidad por respeto a las víctimas, también se habrían ahí a tomar unos vinos calientes o Glühweine.

Hay dos posibles razones para esta calma. Primera. Después de tanta tensión por los otros ataques a las capitales europeas, el de Berlín se convirtió literalmente en uno más. El terror que hemos vivido en la capital alemana ha sido más mediático y electoral que real, y nos ha dejado inmunes a mayores consecuencias. Hay gente que renegará esto y portadas de otros medios que me probarán lo contrario, pero el movimiento de la inmunidad parece fuerte. Este miércoles por fin el diario amarillista Bild salió con la portada que debió de haber salido el martes después del ataque: “ANGST!”, es decir “¡Miedo!”, y hubo una gran contracampaña mediática y en redes sociales para criticarlos por sembrar el miedo de esa forma, y para decir que no es lo que la mayoría siente.

Con las fronteras abiertas y el cruce de armas y terroristas de los otros ataques en Europa, se pensaba que era cuestión de breve tiempo para que Berlín sufriera el suyo. Con una canciller que para muchos ultraderechistas europeos “destapó la cloaca del yihadismo” con su política de bienvenida a los refugiados de Oriente Medio, se llegó a creer que el país podría quedar minado de bombas. Hemos vivido con este reloj tictaquero desde los primeros ataques en Europa y ahora solo parece que tiene días con más y menos tensión.

 

El ataque al mercado navideño de la Breitscheidplatz ha sido además una lección del manejo de la información para Europa. Y es aquí donde está la segunda razón para esta calma.

Desde el minuto cero de la filtración de información del atentado en Berlín, los medios y las autoridades fueron cuidadosos con lo que decían. No así la las redes sociales ni los medios extranjeros. Los primeros reportes los vi en mi celular, saliendo del trabajo. Se trataba de un mero accidente. En uno, un camión había atropellado a una persona. En el otro ya se hablaba de 9 muertos, pero “solo” por la embestida de un camión. Aquí las alertas:

Alertas de la entonces embestida de un camión

Alertas de la entonces embestida de un camión

La televisión y muchos medios online evitaban conscientemente mencionar la palabra “ataque”. Ya había algunos indicios, pero se fue adoptando un lenguaje neutral. Las autoridades solo dieron información por medio de su vocero de policía (y una sola cuenta de Twitter), y de los hospitales. Muchos políticos berlineses y nacionales evitaron comprometerse con otras declaraciones, excepto los populistas y ultraderechistas que ya le echaban la culpa a Merkel.

Hubiera sido muy fácil meterse en el tsunami de opiniones para publicar cualquier cosa y en primer lugar, pero había que luchar por entender lo que pasaba y había que luchar contra los opinionistas que se devoran cualquier sospecha informativa como un pedazo de pan en ayuno y dan a conocer su conclusión como el gran chisme de barrio que nadie se tiene que perder. Cuando se supo que uno de los muertos era el entonces copiloto polaco del camión, una periodista lanzó por Twitter esta información añadiendo al pie su opinión: “el conductor lo secuestró y mató tras robar el camión”. Esto fue verdad efectivamente pero se confirmó un día después. Chapeaux por haber adivinado, pero ¿qué habría pasado si en lugar de un ataque, todo hubiera sido un mero accidente? ¿por qué apelar a desarrollos policíacos y juegos de investigadores cuando uno como periodista tiene la responsabilidad de informar?

Los datos fueron saliendo poco a poco, en una intermitencia que permitía cada vez configurar una historia diferente. Accidente o ataque. Ataque. Camión con matrícula polaca. Un muerto en la cabina, ¿colega o qué? Un sospechoso capturado, ¿polaco borracho dado a la fuga o terrorista? Después: el sospechoso capturado es paquistaní, ¿o afgano? De los 9 se pasa a los 12 muertos. El accidente apunta a ser un ataque, ¿condena o mesura de los políticos? El sospechoso no es el sospechoso que se pensaba. El verdadero autor del crimen estaría libre y armado.

La calma está tensa.

 

Lo que hay hasta ahora.

El ataque sigue sin ser resuelto, pero hay algunos datos concretos que aún así se prestan a especulación:

  • 12 muertos, 49 heridos (14 de gravedad) y 2 desaparecidos.
  • Hubo una intención de embestir el camión en el mercadillo de Navidad, la velocidad y la trayectoria lo hacen ver así.
  • El referido como copiloto polaco, originalmente chofer del camión, fue asesinado a balazos. Supuestamente todavía vivió el ataque.
  • El sospechoso paquistaní, el supuesto chofer y primer capturado, fue liberado. No se sabe qué hacía en el lugar de los hechos, ni se sabe por qué habría estado alejándose del lugar, razón por la que se lo siguió y capturó.
  • Una agencia de noticias allegada a Estado Islámico da a conocer, un día después, que este grupo reconoce el atentado.
  • La policía inicia búsqueda en toda Europa por el tunecino Anis Amri a partir de una identificación que se encuentra un día y medio después en la cabina del camión. ¿Y si la identificación fue plantada?

 

Las consecuencias de este ataque.

El amigo politólogo Franco Delle Donne señala en su blog de asuntos políticos en Alemania tres posibles consecuencias de este ataque:

1.- Una humana por la afectación de la sensación de seguridad de los alemanes. Aunque yo creo que esto es algo que ya ha venido sucediendo con otros ataques y que este ataque no lo cambia mucho más.

2.- Una pragmática por la intervención de la autoridades para responder a su gente, algo que llevaría a más reducción de libertades. Pero yo creo que esto puede tardar, pues por lo menos en Berlín ayer miércoles ya se rechazó una moción para instalar más cámaras por la ciudad.

3.- Una electoral por la que los partidos de derecha aprovecharán este hecho para catapultarse. Y es cierto. Estos partidos ya comenzaron sus campañas nacionales para las elecciones del otoño de 2017. Son estos partidos los que concluyeron de este atentado que los muertos son “los muertos de Merkel”.

Atentado_Tip_KeineAngst

Después del ataque en Berlín, cada barrio tiene el mismo nombre: “Nada de miedo”, “Nada de miedo”, “Nada de miedo”…

 

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