Antonio López Velasco, 78 años. Campesino. San Juan Cancúc, Chiapas. (Foto: Jacob García)

Extracto de El señor de los 29 hijos

Por Salvador Frausto Crotte

 

A diferencia de otras casas, en ésta no pasean gallinas ni se acercan perros. La nostalgia enjuaga los ojos de Antonio: hubo un tiempo en que sembraba café y chile, pero la plaga de la roya y las hormigas extinguieron sus cultivos. “Ya no tengo sustento, aunque yo pueda decir ‘quiero volver a vender mi café’, ya no tengo cultivo de café. Ya me cuesta, ya no hay nada que vender. Anteriormente tenía yo muchos cafetales, ahorita ya no tienen mantenimiento. Se secaron todos. Se murieron todos los cafetales. Aunque volvamos a sembrar otra vez, se vuelve a secar por unos bichos”, comenta en tseltal, y la intérprete traduce. “Pero sí tengo mis frijoles, tengo mi maíz. Y compro bastantes (alimentos) porque mira cuántos hijos tengo, esos comen mucho”, añade recomponiendo la voz, echando la cara hacia el frente. “Tempranito tomo mi pozol y como algo. Mediodía otra vez mi pozol. Y ya en la tarde cuando yo vengo, ya me junto a comer yo con mi familia. Ya sea verduras, frijoles o carne, lo que haya hecho mi mujer. Y ya le vengo a decir ‘tengo hambre, mujer’. Y ya le pido”.

Nunca supo de qué murieron varios de los hijos que tuvo con su primera pareja, muchos de los cuales fallecieron antes de cumplir un año: “Pura tos. A veces calentura, fiebre. Así se morían. A veces en un instante se morían. A veces en la noche ya estaba amamantando y al otro día ya estaban llorado y se morían. En un rato se morían. Y ya estaba grande también la señora porque no tenía suficiente leche, y les daba yo atole. Todavía no existía leche. No había leche era puro atole”. En San Juan Cancúc la tasa de mortalidad infantil es de 40 niños por cada 1,000 habitantes, muy superior a la del estado, que es de 23 por cada 1,000.

La mirada de Antonio se pierde entre las montañas y regresa a la escena para hacer un paneo de su prole. Sus hijas Petrona, de 12 años, y Rosa, de 11, escoltan a su padre durante el recorrido por la casa. Posan sonrientes para las fotos, explican que les gusta ir a la escuela y huyen cuando se les cuestiona si ya tienen novios. Antonia, de seis años, se esconde detrás de los hermanos varones. Los vecinos no apartan la vista del hombre-leyenda de la comunidad.

 

Sal

 

Fragmento del capítulo El señor de los 29 hijos, del libro Los doce mexicanos más pobres. Salvador Frausto (coordinador). Se reproduce con autorización de Editorial Planeta Mexicana.

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