mapeo veracruz

Por Témoris Grecko (publicado simultáneamente en Aristegui Noticias)

Anabel Flores Hernández, la reportera asesinada entre lunes y martes, fue testigo de lo que parece ser la desaparición forzada de tres personas por elementos del Ejército mexicano.

Este hecho la puso en riesgo evidente y debería ser una de las principales líneas de investigación a seguir por la Fiscalía General del Estado de Veracruz. Como ha hecho en todos y cada uno de los 16 casos de periodistas asesinados bajo el gobierno de Javier Duarte, la Fiscalía optó por criminalizarla: en un comunicado, informó que averiguará si Flores Hernández tenía vínculos delictivos como posible motivo del crimen.

A partir del hecho de que la reportera intentó grabar con su teléfono cómo soldados se llevaban a Víctor Osorio Santacruz y dos hombres más, la Fiscalía no extrae motivos para considerar que pudo haberse tratado de una represalia o acto de eliminación de testigos, sino para asumir que tenía una relación con Osorio, supuesto miembro del cártel de los Zetas.

Y la Fiscalía mintió: aseguró que Flores Hernández fue detenida junto con Osorio. No ocurrió así.

Para despejar dudas, podrían ir a interrogar a Osorio. Será difícil si él desapareció bajo custodia militar.

mapeo veracruzMapeo de periodistas asesinados (con una omisión: Yolanda Ordaz de la Cruz, secuestrada y asesinada el 24 de julio del 2011 en Boca del Río.)

MÁS DE CIEN PERSONAS SOMETIDAS

El 30 de agosto del 2014, Víctor Osorio Santacruz, Miguel López y Delfino Hernández Falcón desayunaban en el restaurante Jaimito’s, en la comunidad de Sierra de Agua, municipio de Acultzingo, Veracruz. Osorio había sido policía municipal y supuesto miembro de los Zetas, y ya había sido detenido en 2010, pero por alguna causa salió libre. Su esposa, Norma Albor Cano, y su acompañante, Yadira García Chávez, le relataron a Lourdes López, corresponsal del diario Excélsior lo que ocurrió, a partir de lo que les contaron algunos testigos: entraron soldados que obligaron a los comensales a meterse a la cocina o tirarse al suelo: “Era un gritadero porque había más de 100 personas, siempre está lleno ese restaurante”. Había “una reportera” que “empieza a sacar fotos con su celular al ver que estaban golpeando a uno de ellos, y se acerca un militar, se lo arrebata junto con el gafete (de prensa) y sacan a las tres personas, entre ellos, mi esposo, los suben y se los llevan”.

Las esposas de los detenidos empezaron a recorrer hospitales, agencias del Ministerio Público y el cuartel regional del Ejército, hasta que en el Palacio Municipal, donde hay una oficina castrense, tuvieron un enfrentamiento verbal con varios militares: ellos les tomaron fotos a las mujeres y viceversa. Según el texto, más tarde, cuando le mostraron las imágenes a “la reportera”, ella pudo reconocer a quienes se llevaron al trío, a pesar de que tenían la cara cubierta.

El Ministerio Público regional y estatal se declararon incompetentes para tomar el caso. Las esposas tardaron dos meses en conseguir que la PGR enviara a alguien para revisar el asunto. Sin resultados.

REDADA EN “JAIMITO’S”

La identidad de “la reportera” fue mantenida en anonimato. Aunque su gafete de prensa había quedado en manos de los soldados, era claro que no había sido detenida con los tres hoy desaparecidos. La señora Albor, además, no menciona que ella o su esposo la conocieran con antelación.

En la madrugada del lunes 8 de febrero, hombres con uniforme tipo militar, armas largas, cascos, pasamontañas y chalecos antibalas se presentaron en casa de Anabel Flores Salazar, en el municipio de Mariano Escobedo, con una supuesta orden de aprehensión y se la llevaron. Su cadáver apareció el martes en una carretera cercana.

La presencia de Anabel Flores en el evento en el incidente del restaurante “Jaimito’s” fue revelada por la Fiscalía: la detuvieron junto a Osorio, aseguraron. Fue la tía de Anabel, Sandra Luz Morales, en entrevista con Eirinet Gómez, de La Jornada, quien desmintió la versión: Anabel Flores era “la reportera” que había intentado fotografiar a los militares cuando se llevaban a tres hombres de quienes no se volvería a saber nada. Ella no fue detenida y la tía niega ademñas que su sobrina conociera a Osorio: habían ido ahí varios miembros de su familia, juntos, a celebrar el cumpleaños de la periodista: “Según las autoridades, ella tuvo una reunión en esa fecha con esa persona, pero ¿cuándo? Si ella estaba con nosotros”.

“SÓLO ANOTAMOS”

Ese martes fue especialmente duro para un periodismo que está en peligro tanto en Veracruz, donde han asesinado a 16 reporteros y fotorreporteros en cinco años, como en el país. Anabel Flores apareció muerta y la Fiscalía General del Estado buscaba hacerla culpable de su propia tragedia, como hizo en los 15 casos anteriores. De esta forma, además, estaba ocultando e ignorando una línea de investigación que podría conducir a sus asesinos.

Además, seis reporteros de Orizaba, zona de trabajo de Anabel Flores, y de la vecina Córdoba presentaron una denuncia formal por amenazas del cártel de los Zetas.

En Ciudad de México, el periodista político Álvaro Delgado, de la revista Proceso, también fue objeto de ataques a través de varias cuentas de la red social Twitter, con mensajes como éste: “Ya estás sentenciado, hijo de tu puta madre, el patrón ya dio la orden”.

(Y el miércoles, cuando un grupo de periodistas guerrerenses se manifestaba en Chilpancingo, frente al Congreso del Estado, el exalcalde y exdiputado del PRD Roger Arellano se acercó en su vehículo al corresponsal de Proceso, Ezequiel Flores, y le gritó: “¡te acuerdas de mí?, ¡te va a cargar la verga!”)

El mismo martes, la organización internacional Artículo XIX presentó un informe en el que establece que, además de los asesinatos, en México desaparecen dos periodistas cada año.

Esa noche, un grupo de periodistas de Veracruz difundió una carta abierta que, en su último punto, plantea:

Exigimos que dejen de criminalizar a los periodistas asesinados y dejen también de transgredir a la libertad de expresión en Veracruz.

Criminalizar a los compañeros asesinados es una estrategia realmente cobarde por parte de quienes están obligados a investigar y no a fabricar pruebas en contra de quienes no pueden rebatir las calumnias de este mal gobierno.

Exigimos que paren esta estúpida masacre que han ejecutado en contra del periodismo en Veracruz de parte de este desgobierno. Que paren esta pesadilla que todos ustedes están provocando en toda la entidad veracruzana.

¿No quieren que escribamos tragedias? Dejen de provocar tragedias.

¿No quieren leer hechos violentos? Entonces dejen de crear las condiciones para que existan hechos violentos.

La prensa sólo somos un espejo de la vida real, nosotros no inventamos nada, sólo anotamos.

ACTUALIZACIÓN MIÉRCOLES 23.45

El diario local El Buen Tono y su dueño, José Avella o Abella, lanzan una campaña de desprestigio contra Anabel Flores. Aseguran haberla despedido meses atrás porque “su nivel de vida no correspondía a su sueldo”. Cuestionado al respecto en la radio, Avella no tiene reparos en ensuciar la memoria de la mujer… con base tan solo en lo que spuestamente le contaron. Al principio parece muy seguro, como quien conoce de primera mano lo que afirma, al insistir en que Anabel Flores estaba ligada al narco. Pero a lo largo de esta interesantísima entrevista, Enrique Hernández Alcázar lo lleva a reconocer que se acaba de enterar de quién era Anabel, a mostrar que no conoce bien qué fue lo que pasó ni quiénes intervinieron, y que en el fondo siente desprecio por el pueblo mexicano y por quienes no tuvieron la fortuna de nacer ricos, como él.

Esta pieza revela mucho sobre cómo piensa un sector de los dueños de los medios y de la economía, y de la visión predominante en las cúpulas veracruzanas en tiempos de Javier Duarte.

Y el portal Plumas Libres nos recuerda que Avella y El Buen Tono ya le habían prestado a Duarte sus servicios de campañas de desprestigio, acusando de lo mismo -colusión con el crimen organizado- a una joven desaparecida cuya madre increpó a Duarte en público.

En ambos casos, Avella miente para desacreditar a:
-una mujer
-joven
-que no se puede defender porque desapareció o la mataron
-la acusa de vínculos con el crimen
-y su fundamenta en que, según él, se relacionó con un delincuente
-con el que tiene un hijo.

Todo igual.

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