Aleppo, pueblo fantasma (Image by Freedom House, cc-4.0)

Aleppo, pueblo fantasma (Image by Freedom House, cc-4.0)

Abdulaziz Ramadan nunca se imaginó vivir en un país como Alemania. Tiene 27 años de edad y es originario de Damasco, Siria, donde quería tener un futuro seguro, sin grandes cambios y en paz. Hasta que llegó la guerra.

Como él, otros estudiantes sirios han tenido que interrumpir sus vidas y estudios para salvar sus vidas fuera del país. Muchos han llegado a Alemania.

El país dirigido por Ángela Merkel –por el momento conocida internacionalmente como “Madre Ángela”– ha recibido a cientos de miles de sirios en los últimos años.

Abdulaziz Ramadan

Abdulaziz Ramadan

A octubre de 2015 se contaban unos 200 mil, de los cuales un 80 por ciento son hombres de entre 18 y 30 años. Muchos, además, son estudiantes.

“Por razones de seguridad, tuve que salir de mi país. Hubiera querido quedarme en Medio Oriente. No imaginaba llegar hasta Alemania”, comenta Ramadan.

Desde 2011, una revolución civil y luchas intestinas de diversas organizaciones militares y paramilitares azotan al país en todas sus latitudes. Cientos de miles de sirios han tenido que escapar a países vecinos y a lugares más lejanos. Ahora, Abdulaziz radica desde mediados de 2011 en la ciudad de Leipzig, al Este de Alemania.

Desde aquí tiene las garantías de continuar su trabajo y además de estar al lado de su ahora esposa, una alemana que había conocido durante la revolución siria.

En Damasco, Aziz tuvo que interrumpir sus estudios de Lengua y Literatura Inglesas porque ya empezaba a ser perseguido por las autoridades del régimen de Bashar Al-Assad. Cambió de casa una vez y aprendió el idioma español -al paralelo de otros colegas- viendo películas. El objetivo era despistar a las autoridades, que ya descifraban el inglés.

“Me detuvieron varias veces entre 2004 y 2009 porque mantenía contacto con estudiantes extranjeros y visitantes. Cada vez que recibía a estudiantes de otros países en mi casa, me interrogaban. También me han detenido por mi activismo social y político, me monitorearon entre 2008 y 2011. En 2008 estuve en presión por bastante tiempo, algo que todavía me afecta de manera profunda”, relata.

Tanto él como muchos de sus colegas quieren ver en Siria un Gobierno democrático que garantice libertad de expresión, libertad de medios de información, dignidad y respeto a los diferentes grupos étnicos del país.

“Me encantaría ver al poder dividido en Ejecutivo, judicial, organizaciones civiles y en agencias de información, como en muchas partes del mundo desarrollado”, dice.

Majdi Bido es otro estudiante sirio que vive en Alemania.

Majdi Bido

Majdi Bido

Tiene 29 años de edad. Llegó en julio de 2014 huyendo de la persecución y de la corrupción en su país.

Él trabajaba como asistente en asuntos humanitarios para la ACNUR, la oficina de Naciones Unidas para los refugiados, proveyendo ayuda organizacional de registro y repartición de recursos a los refugiados en Siria en zonas de conflicto como Aleppo.

“Mi vida corría peligro cada día desde comienzos del 2013 y hasta mi salida del país en Julio de 2014. Recibí amenazas de grupos guerrilleros desconocidos. A veces salía de casa creyendo que ya no podía regresar para el final de la jornada”, cuenta Majdi.

Llegó a Alemania a reunirse con su familia, que tuvo que escapar antes del país.

Él consiguió una visa de “reunión familiar”, algo que en días recientes ya quiere evitar el Gobierno alemán para justamente que no se multiplique el número de refugiados en el país.

En Alemania está estudiando el idioma alemán y en los meses siguientes quiere lograr ser admitido en un master de estudios tecnológicos y de negocios.

“La situación todavía no es clara, pero espero regresar a Siria a liderar proyectos juveniles de desarrollo para ayudar en lo que se pueda en mi país.

“Espero terminar lo más pronto posible para regresar a mis ciudades amadas en el noreste de Siria, Derik y Qamishlo”, añade.

Yasmin Checkhmous también tuvo que escapar de la situación en Siria de manera ilegal hacia Alemania.

Ella tuvo que interrumpir su carrera de ingeniera industrial para continuar con sus perspectivas de vida.

A sus 22 años de edad, Yasmin escuchó que Alemania estaba ofreciendo ayuda a los refugiados sirios, tomó un vuelo y solicitó una visa de asilo político en el país teutón.

“Mis amigos y yo comenzamos a asistir a manifestaciones en Hasakeh y temíamos ser arrestados. Ya no podíamos ir a la universidad”, relata Yasmin.

Desde el 2013 estudia farmacéutica y aprendió el alemán, y a pesar de que se siente bien en Alemania, su familia está en Dinamarca esperando también poder regresar a Siria en algún momento.

Su familia tuvo que escapar antes vía Estados Unidos hasta regresar después a Europa, a Dinamarca.

“Me encantaría tener una Siria libre, una Siria sin dictadura”, agrega.

Abdulaziz Ramadan había fundado desde Siria la Asociación de Estudiantes Kurdos en Siria y Alemania (UKSSD) que después tuvo que registrar en el extranjero debido a las imposibilidades de seguir trabajando en el país de Oriente Medio.

Con la asociación, a la que se han unido poco a poco intelectuales y estudiantes como Majdi y Yasmin, se busca apoyar a estudiantes, pero también a cualquier civil y ahora refugiados para poder contribuir a formar “estructuras sociales estables para el futuro de Siria”.

“Queremos asegurar que siempre exista una juventud civil y pacífica que ayude a tender el camino para las siguientes generaciones del país.

“Tenemos a unas 200 personas trabajando en cuatro ciudades del país, un gran grupo en Turquía e intelectuales de Holanda, Alemania y Estados Unidos”, detalla Aziz.

Sin embargo, parece que la reconstrucción del país puede tardar. Contingentes de decenas de miles de sirios llegan por semana a Alemania buscando refugio de los ataques que se viven en el país.

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