La “aprobación periodística”, práctica común en Alemania. Aquí el diario alemán de izquierda, TAZ, publicó una entrevista que había sido censurada por el departamento de prensa de un político alemán.

 

En la historia del “Chapo” Guzmán con Kate del Castillo y Sean Penn, hay demasiados capítulos. Cada quien, dependiendo de su país y sus intereses, toca uno nuevo.

 

A mí uno me ha dado vueltas en la cabeza. Se mezcla con la forma de hacer periodismo en Alemania: la discusión en torno al texto periodístico. Que si es entrevista o documento histórico, que si informa o entretiene, que si insulta o no la labor del periodista de conflictos (mexicano, sobre todo), y finalmente que si todo esto es válido o no por haber sido entregado a aprobación.

“Approval”, como diría Sean Penn, “Autorisierung”, como decimos en Alemania.

En Alemania existe una vieja práctica periodística no asentada en sus códigos deontológicos ni en ninguna ley: mandar aprobar un texto periodístico, sobre todo entre políticos y en entrevistas provenientes del área del entretenimiento (¡sí!), directores y actores.

Para poder obtener una entrevista, o incluso después para poder publicarla, los departamentos de comunicación social y relaciones públicas solicitan a los periodistas entregar las citas de una entrevista, o la entrevista completa pregunta-respuesta, para aprobarla. La práctica se ha interiorizado tanto en la sociedad alemana que, si no hay departamento de prensa, el mismo entrevistado pide las preguntas por adelantado, y luego las respuestas o el texto para ver si quita frases, si reedita algo, o si agrega información. En otras palabras: censura.

No está claro si el Chapo pidió a Sean Penn la entrega del texto, solo lo sabemos porque en los mensajes reproducidos entre Kate del Castillo y el Chapo, se manifiesta el interés de la primera por pasarle el texto del actor estadounidense. La otra es que el Chapo parece no hablar nada de inglés y no veo cómo hubiera hecho las aprobaciones necesarias. Pero bueno, el hecho está y ha sido objeto de debates en cada uno de los últimos días.

El diario Washington Post consultó incluso a analistas que pusieron en entredicho el hecho de que la revista que publicó la entrevista, Rolling Stone, accediera a entregar el texto al Chapo. El Washington Post podría con esa misma base, cuestionar todo el periodismo alemán.

Pero, ¿es censura? ¿queda de verdad un texto desacreditado cuando se lo da a aprobación, aunque no se le quite o aumente nada?

En Alemania la práctica la comenzó el reconocido semanario político Der Spiegel en 1958 La idea era entregar textos a políticos para ganar su confianza y enseñarles que su conversación con periodistas había quedado claramente escrita. En mi caso, como corresponsal extranjero en Alemania, donde mi trabajo profesional se desarrolla en otro idioma muy diferente y del que no tengo nada de nativo, admito que muchas veces me sirvió para estar seguro de haber entendido todo bien. Eso sí, nunca me quitaron frases críticas ni me censuraron información comprometiendo mi profesión.

Los expertos en Alemania dicen que con el pasar de los años, la práctica de la “Autorisierung” se convirtió en una “manía de control”, en la que los entrevistados incluso ya controlan cualquier pequeña cita insignificante.

Para contrarrestar esta manía, ha habido pocos intentos. Uno de ellos lo protagonizó el diario de izquierda TAZ en 2013 al publicar una entrevista censurada con el anterior jefe del partido liberal alemán FDP, Philipp Rösler. En la entrevista le hicieron preguntas sobre su origen (tiene origen vietnamita) que la oficina de prensa no calificó de buenas, a pesar de que él las contestó, y decidió regresar la entrevista tachada. El TAZ la publicó tal cual (ver foto del artículo).

En el caso del texto redactado por Sean Penn se trata más del perfil de un personaje que uno leería en un semanario (¡y que nadie dejaría de leer!), que de un reportaje. Eso sí, se trata de un documento histórico que llevó a la aprehensión de uno del narcotraficante más buscado.

Aún así, el Washington Post cita: “La práctica de aprobación previa desacredita la historia entera, ya sea que el sujeto requiera cambios o no”. ¿Se puede entonces juzgar que el texto haya sido enviado a aprobación? ¿se pueden descalificar las aprobaciones (con buenas intenciones, no la manía alemana) en general?

Y va una contrapregunta: Si un texto como el publicado por Rolling Stone despierta este interés periodístico, ¿por qué no se protesta de esta manera contra la forma en que los diarios mexicanos manejan toda la información, de manera oficialista, parcial y local?

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