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“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”: George Orwell.
 
Y son relaciones públicas no a nombre propio, sino de la persona sobre la que se escribe, para la que se escribe.
 
Porque Penn y Del Castillo no fueron a hacer periodismo con El Chapo: fueron invitados por él, bajo su control, en sus términos y con los compromisos que él les exigió asumir. Es decir: fueron a trabajar para dar la versión de las cosas que a él le pareció conveniente.
 
No iban a publicar lo que él no quiere que se publique.
1achapony“Además de las otras acusaciones, usted se dejó utilizar por Sean Penn en sus crímenes contra el periodismo”. Caricatura en The New Yorker.
Dicen los editores de la entrevista que sí, que al Chapo le dieron el derecho de veto sobre el texto, pero que “no pidió ningún cambio”. De manera que Penn lo hizo verdaderamente bien, a ojos del mafioso. Felicitaciones.
Y cómo no, si lo embelleció cuanto pudo: León Krauze resume así la forma en que Sean describe a Joaquín: “un hombre de familia que visita y quiere mucho a su madrecita, que cuida de sus hijos, que se volvió narcotraficante porque de algo tenía que vivir, que no es violento más que para defenderse, que no ha hecho ningún daño a México, que no se droga y sólo bebe en presencia de una dama, que no busca problemas, es un hombre caballeroso que da abrazos de compadre y está sonriendo todo el tiempo”.
 
Penn y Del Castillo se pusieron al servicio de uno de los delincuentes que más han torturado a México, de los que han provocado su desgracia.
 
De los que han terminado con decenas de miles de vidas y hundido en el dolor a decenas de miles de familias.
De los que están poniendo en peligro la viabilidad misma de la nación.
 
Y fueron a jugar al periodismo con el responsable de las persecuciones, torturas y asesinatos de muchos periodistas de verdad.
De muchos periodistas que sí toman los riesgos, que viven bajo riesgo, cuyas familias están bajo riesgo.
 
Fueron a simular periodismo con el criminal que mantiene zonas de silencio en las regiones que domina, como Sinaloa, Durango, Chihuahua y Sonora, estados donde, en los últimos 10 años, han asesinado a 17 periodistas. Es decir, zonas donde los periodistas viven bajo la amenaza de quien les dice qué y qué no publicar.
Captura de pantalla 2016-01-11 a la(s) 13.18.07Alfredo Corchado, corresponsal en México del Dallas Morning News, un periodista que ha cubierto extensamente la violencia del narco y que ha tenido que salir varias veces del país para impedir que se cumplan las amenazas en su contra, tuiteó:
“Chapo y Hollywood, Sean Penn? Tiene sentido. Sólo no lo llames periodismo“.
“Describir la reunión del Chapo y Sean Penn como una entrevista es un insulto épico para los periodistas que murieron en nombre de la verdad”.
 
Hay algunos cínicos que afirman que mienten los periodistas que no aceptarían una entrevista con el Chapo en esas condiciones. Uno de ellos, Danny Gold, de la revista Vice, que asegura que él y cualquier otro hubieran “aceptado todavía más” condiciones” y “cualquiera que diga otra cosa está mintiendo”.
Cínicos que, dijo Kapuscinski, no sirven para este oficio. Porque habemos muchos que entendemos que una cosa es el periodismo y otra ponerse al servicio de intereses ajenos e incluso contrarios al periodismo, y El Chapo no hubiera aceptado a un periodista que tuviera la intención de hacer bien su trabajo, porque le hubiera hecho las muchas preguntas que él no quiere responder, y que Sean Penn no le hizo. Por ejemplo: ¿a cuántos periodistas ha ordenado secuestrar, torturar y matar?
No, muchos no hubiéramos aceptado esta entrevista para ponernos a servir al Chapo. Por ética profesional… y humana.
 
La ética de la que Penn y Del Castillo parecen no tener noción.
Sean explica en su texto que Kate pensaba hacer la película de El Chapo. Al gusto del Chapo, por supuesto. Una narcopelícula al estilo de los narcocorridos, hecha para engrandecer el mito del Chapo, para hacerlo más atractivo a los ojos de muchos jóvenes mexicanos, para profundizar la confusión cultural que hace parecer aceptables e incluso fascinantes el modo de vida y los crímenes del narco.
¿Quién iba a pagar esa película? ¿En cuánta sangre vendría remojado el dinero que recibiría Kate del Castillo Productions? [Nota: escribí este texto 36 horas antes de que la PGR le filtrara a Milenio que la actriz con aires de productora le hacía sentir al criminal multimillonario que necesitaba su protección porque “jamás nadie me ha cuidado”. Tanto la primera tanda de mensajes como mi artículo se publicaron en el primer minuto del miércoles.]
 
Penn y Del Castillo no fueron a hacer periodismo. Quizás, actuación. Teatro de periodismo. Farsa. Asumieron sus roles como publirrelacionistas del Chapo.
De un asesino de niños, de mujeres, de ancianos, de periodistas. ¿O a quién creía Sean Penn que le estaba dando la mano?
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