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Los directivos del diario La Nación (Argentina) publicaron un editorial en defensa de los asesinos de miles de compatriotas, su propia versión del “ya supérenlo” de Peña Nieto, pero más brutal y absurda. Describe la exigencia de justicia sobre los crímenes de las dictaduras militares como “venganza”.
 
Los periodistas y trabajadores del diario protestaron:
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COMUNICADO
 
La Asamblea de Trabajadores de Prensa y Gráficos de LA NACION y sus respectivas comisiones internas difundieron ayer el siguiente comunicado
 
Los trabajadores de S.A. LA NACION le decimos no al editorial que, con el título “No más venganza”, se publicó este lunes 23 de noviembre en la página 32 del diario.
 
Quienes trabajamos en el diario LA NACION, en las revistas que edita la empresa, en las versiones online de todos los productos periodísticos, entendemos que la vida democrática implica la convivencia de distintas ideas, proyectos e identidades políticas. Convivimos entre estas paredes trabajadores que expresamos esa diversidad y desde nuestras diferencias construimos un sentido común.
 
Desde esa diversidad rechazamos la lógica que pretende construir ese editorial, que en nada nos representa, al igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una “cultura de la venganza”.
 
Los trabajadores del diario LA NACION les decimos sí a la democracia, a la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad y le decimos no al olvido.
 
Por memoria, verdad y justicia.
La Asamblea.
 
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Más allá del escándalo provocado por los dueños o directivos de La Nación (un alegato tan torpe y grave que provocó un sonoro repudio en casi todos los sectores sociales y políticos), me interesó la respuesta interior del medio.
 
De los directivos, por admitir la publicación del descontento de sus trabajadores y un recuento del rechazo generalizado.
 
Y de los mismos trabajadores, por deliberar, tomar decisiones y expresarlas activamente, en lugar de irlo a rumiar con otros colegas a los bares.
 
¿Pasaría eso en grandes medios mexicanos?
 
Hay mucho ejemplos de insatisfacción aquí. Me remito al más reciente del que tuve noticia:
 
El diario Milenio está actuando de manera más acentuada como (una de varias) correa de transmisión del Ejército, de la PGR y de Gobernación, como vocero oficioso. En septiembre, por ejemplo, publicó un texto con todo el aspecto de haber sido manufacturado en la PGR, en donde se citaban fuentes anónimas para desacreditar el trabajo en el basurero de Cocula realizado por el perito José Torero, del Grupo de Expertos de la CIDH. Nadie lo quiso firmar. Y quedó así: una diatriba sin fuentes identificadas ni reportero que se hiciera responsable, un mero chisme por donde se quisiera ver.
 
Lo mismo le iba a pasar a otro encargo gubernamental: ahora, se filtraban unos audios en donde dos normalistas de Ayotzinapa supuestamente exresaban sus sospechas de que algunos estudiantes trabajan para la pandilla de Los Rojos. ¿Quién grabó los audios, cuándo, en qué circunstancias? No se decía. Ni había periodistas que quisieran manchar su nombre poniendo su firma. Pues la puso Carlos Marín, el director general.
 
Hay mucha gente que está molesta con ese tipo de actos en Milenio. Pero es de dudarse que los directivos permitirían que se publicara una foto de la redacción en protesta, y uno comunicado de los trabajadores.
 
Y también dudo que los trabajadores de Milenio, o de casi cualquier medio mexicano (hay un par de excepciones), se reunirían en las instalaciones para deliberar, tomar decisiones y expresarlas activamente.

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