postal mirarmorir

¿Cuándo algo es urgente? ¿Qué es lo que marca el sentido de la urgencia? Ese par de preguntas quedaron suspendidas en la sala justo antes de que comenzara el preestreno de Mirar morir, el documental de los hermanos Grecko (Témoris y Coizta) que fue proyectado por primera vez ante un público el miércoles 14 de octubre.

“En México hace falta más cine documental, y más cine documental #urgente”, decía poco antes de arrancar Pau Montagud, el director artístico de DocsDF, quizá el festival más importante de este género en México.

Y sí, todo en esta historia fue urgente, tan urgente que de principio a fin se trabajó a contrareloj. Cuando Témoris y Coizta Grecko decidieron presentar a los organizadores del festival lo que en ese momento era casi sólo una idea, el calendario marcaba principios de septiembre. Faltaba poco más de un mes para que DocsDF diera su banderazo de salida, y el reto era que ese proyecto acabara siendo un documental sólido y bien construido narrativamente para estrenarse el 20 de octubre de 2015.

El equipo del colectivo Ojos de Perro contra la Impunidad trabajó a marchas forzadas durante dos meses, lapso en el que viajaron, entrevistaron, rodaron, editaron, postprodujeron y finalmente entregaron Mirar morir.

* * *

La sala queda a oscuras y lo primero con lo que se topa el espectador es la imagen de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, en una alocución pública sobre el caso Ayotzinapa, en la que defiende el papel de las Fuerzas Armadas. Después aparece Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa; luego el procurador Jesús Murillo Karam y finalmente el presidente Peña Nieto, todos ellos hablando en el mismo sentido: el Ejército no tuvo nada que ver en los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014, cuando seis personas fueron asesinadas y 43 jóvenes desparecidos.

A través de diversos testimonios y documentos históricos, el espectador recibe información de contexto que le ayuda a situarse en Guerrero, un estado marcado por una macabra tradición de desapariciones forzadas desde los años setenta, cuando el guerrillero Lucio Cabañas Barrientos (maestro rural, egresado de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa) lideraba el Partido de los Pobres. Hoy, casi medio siglo después, poco ha cambiado y la gente sigue buscando a sus antiguos y nuevos desparecidos.

La narración también da cuenta de que en esta entidad está el llamado Pentágono de la Amapola, un área “impenetrable” para las autoridades mexicanas, pero en la que hay cuarteles militares en cada uno de sus vértices geográficos. Vaya ironía.

En esta área nace y crece a sus anchas la flor de la amapola –cuya resina se usa para la producción de heroína y opio–, y se ha convertido en una de las zonas de mayor disputa entre los grupos del narcotráfico, entre ellos Guerreros Unidos, el cártel ligado a la tristemente célebre ‘pareja imperial’.

José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, y su mujer, María de los Ángeles Pineda, eran de sobra conocidos en la región y no precisamente por su prestigio como gobernantes. Ellos estaban siendo investigados por vínculos con el crimen organizado, por extorsión e incluso por asesinato y secuestro. “Todos en Iguala lo sabían y nadie hacía nada”, dice una voz desesperada que parece dar un bofetón al espectador. Para nadie era un secreto que ahí lo que reinaba era un narcogobierno.

Y entonces aparece en la pantalla información sobre el terreno que la Secretaría de la Defensa Nacional cedió a esta pareja para que construyeran el famoso centro comercial Tamarindo, que muestra la “buena relación” que mantenían con el Ejército.

Poco a poco vamos llegando a la noche de Iguala, y entramos de lleno a lo hechos de la mano de dos estremecedores testimonios de normalistas sobrevivientes. Nos damos cuenta entonces que elementos del Ejército estuvieron al tanto de todos y cada uno de los movimientos de los chicos de la normal de Ayotzinapa desde el C4, el centro de monitoreo instalado en Iguala; y en cada momento, casi en la misma medida en que avanza el documental, se van desmoronando una a una las piezas de una “verdad histórica” que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ha sostenido contra viento y marea.

Pero si de un clímax tuviésemos que hablar, ese llega sin duda en la indagación in situ dentro del basurero de Cocula, en el que según la versión de la Procuraduría General de la República (PGR) fueron incinerados los 43 jóvenes. Entramos al basurero a través del reporteo de Témoris Grecko, quien va cuestionando uno a uno los argumentos de Murillo, con la ayuda de la clara explicación del doctor Jorge Antonio Montemayor Aldrete, investigador del Instituto de Física de la UNAM, cuyo revelador análisis da al espectador herramientas para llegar a una conclusión.

El cierre es tremendo, y al final nos volvemos a preguntar ¿por qué #MirarMorir es un #documentalurgente?

Aquí algunas respuestas: Porque ante la incapacidad del Gobierno de dar una explicación verosímil sobre la tragedia, este trabajo ofrece una valiente búsqueda de la verdad; porque investiga y presenta los elementos que apuntan al Estado y el espectador decide si creer o no; porque pone a disposición del público los elementos para que se forme una opinión; porque el Estado mexicano históricamente ha ocultado, matizado y abiertamente mentido sobre hechos que han herido al país y provocado la indignación de la gente. He aquí sólo algunas razones por las que Mirar morir es un documental #urgente y absolutamente necesario.

 

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