No podemos estar de acuerdo siempre y de verdad que estoy desconcertado.

El proyecto del colectivo Marchando con Letras me parece bellísimo: un libro que rescata la memoria de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, individualmente, con perfiles bien hechos y hermosas imágenes, elaborados por periodistas y fotógrafos de gran calidad. No lo he comprado todavía pero estoy seguro que en la casi totalidad de sus páginas, se trata de un volumen que todos desearíamos tener no en nuestro librero, sino en nuestro escritorio o al lado de la almohada.

Esta tarde se presenta, para los que quieran acudir:

tortugas

Quisiera dejarlo así… quisiera poder dejarlo así. Pero creo que es necesario señalar que no todo salió tan bien.

Este libro es un homenaje a 43 jóvenes que esperamos que estén vivos, porque salvo en el caso de Alexander Mora, no hay evidencias de que hayan sido incinerados, ni siquiera de que hayan muerto. No se sabe, nadie lo ha probado. En el caso de Jhosivani, tampoco hay plena certeza. Y sus padres y madres, sus hermanos y amigos, no tienen por qué recibir —una vez más— el bofetón de alguien que les arroja a la cara, sin pruebas, que los muchachos están muertos y fueron quemados en una gigantesca pira improvisada en un basurero remoto.

Pero esto es lo que el libro le dice, antes que otra cosa, al lector, en su prólogo (encuéntralo aquí), escrito por un cruzado del dogma de la Verdad Histórica de Murillo Karam, Héctor de Mauleón. Es lo primero que se lee. Es lo que leímos decenas de miles de lectores de la revista Proceso, donde fue reproducido como adelanto de la obra. Y de hecho, dado que el único nombre que se muestra en la portada es el de De Mauleón, parece que se trata de un proyecto suyo, aunque en realidad sea una iniciativa fabulosa que reunió a medio centenar de personas que trabajaron apasionadamente, pro bono, a beneficio de las familias.

Varios de las madres y los padres de los 43 abrirán el libro y leerán esto:

En el primer párrafo, como si fuera inapelablemente verdadero (y no lo es), aparece el mensaje de texto que supuestamente recibió el mafioso Sidronio Casarrubias: “Los hicimos polvo y los echamos al agua, nunca lo vamos a encontrar”.

¿Por qué escogió De Mauleón iniciar su prólogo, y el libro, espetándonos a la manera brutal de los sicarios que los 43 normalistas están “hechos polvo” y en el agua?

De verdad que no lo entiendo. De Mauleón cree firmemente y sostiene en donde sea que a los chicos los quemaron en el basurero… pero ¿en serio le hacía falta arrojárnoslo a la cara como una roca? ¿A los rostros de los padres? ¿Tenía que insistir en su hipótesis —la de Murillo Karam— en este libro, era indispensable, no podía dejarlo para su columna?

Yo hubiera esperado sensibilidad de su parte.

Espera en vano. Porque, además, De Mauleón aprovecha —abusa, es más apropiado— el esfuerzo de estos compañeros para dejar bien asentada la versión del gobierno. Escribe en el cuarto párrafo (no se aguantó mucho antes de repetírnoslo): “El encendido de la hoguera en el agujero conocido como ‘el hoyo del Papayo’ y al otro día, la recolección de los restos en bolsas de basura arrojadas al río donde luego se recogió un trozo de hueso perteneciente al alumno Alexander Mora Venancio”.

Esto no está confirmado. De hecho, ha sido cuestionado con evidencias sólidas por el grupo de expertos de la CIDH, por las forenses argentinas, y además, por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. No hay rastros de que se haya encendido una hoguera capaz de cremar 43 cuerpos en ese lugar. No se ha probado que haya una correspondencia entre los restos que dicen que hallaron en el río y los materiales del basurero. Está cuestionado severamente, de hecho, que los hayan hallado en ese río, y ni siquiera hay seguridad de que el hueso de Alexander pertenezca a ese conjunto de restos.

¿Tenía que introducir De Mauleón la polémica a este hermoso proyecto? Me gustaría no tener que señalarlo pero me tocó hacerlo, porque hay un abuso y es importante decirlo.

Porque, además, el cruzado De Mauleón no se contenta con repetir que los hicieron polvo y los echaron al agua. La historia que cuenta es la misma que nos contó Murillo Karam: que se trata de un cuento donde los malos son sólo políticos, policías y criminales de Iguala y los alrededores, que creyeron que los normalistas eran mafiosos rivales. Nos distrae al denunciar un “sistema de corrupción, injusticias y atrocidades sin límite”… tiene razón, y el lector estará de acuerdo con él… si no se da cuenta de que De Mauleón lo limita todo al nivel municipal. Parece que el problema no va más allá.

De hecho, nos quiere convencer de que las autoridades de la República, representadas por el jefe del Ejecutivo, son testigos sorprendidos, ingenuos y engañados, pues todo esto “expuso la distancia enorme que existía entre el estado de Guerrero y la casa en que habitaba el presidente de México”. O sea, Enrique Peña Nieto (y por extensión, su gabinete, las instituciones de seguridad y el Ejército) no tiene más responsabilidad que la de haberse quedado mesmerizado entre los muros de Los Pinos.

Porque en ese prólogo, tan interesado en darnos los detalles que sustentan el dogma de la Verdad Histórica, no hay lugar para lo que las investigaciones periodísticas ya habían revelado y ahora ha sido confirmado por el informe de los expertos de la CIDH: que esas mismas instituciones de seguridad pública, desde la Policía Municipal de Iguala hasta SEDENA, CISEN y Gobernación, estaban enteradas en tiempo real de lo que hacían los normalistas y de lo que les ocurría, que agentes de inteligencia militar, de la Policía Federal y de las corporaciones estatales estuvieron presentes mientras los asesinaban y desaparecían, y que si hicieron algo, no fue para proteger a las víctimas, sino para amedrentarlas.

¿Por qué no dice esto De Mauleón? No es una novedad que se haya conocidosólo a raíz del informe de los expertos. Fue documentado desde fines del año pasado en medios de comunicación bien conocidos, desde Proceso, La Jornada y Animal Político hasta Milenio y El Universal, donde él y sus amigos escriben. Él es un tipo informado, conoce todo esto.

No le sugiero a nadie que no compre este libro, al revés. Creo que la lectura de todo lo demás será placentero e informativo. Tampoco que arranquen las páginas del prólogo. Con los años, la sociedad mirará atrás y se acordará de todos los que abofetearon los rostros de los padres, revictimizándolos, y aquí habrá una muestra.

Porque a estoas cruzados no los quemaremos ni los echaremos al agua, para que nunca los vuelvan a encontrar. Tan sólo, no los olvidaremos. Y quedará claro lo que hicieron.

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