Captura de Google Street View de la zona de Narvarte donde ocurrieron los cinco asesinatos.

Captura de Google Street View de la zona de Narvarte donde ocurrieron los cinco asesinatos.

1- Entre 1980 y 2000, Perú padeció la violencia del grupo terrorista Sendero Luminoso y, la de las fuerzas del orden durante la contrasubversión. En esos 20 años, 47 periodistas murieron o desaparecieron, sea a manos de militares, senderistas o narcotraficantes. En el departamento más convulsionado por el conflicto, Ayacucho, fueron 16 los hombres de prensa muertos y tres desaparecidos en 20 años de acuerdo al informe final de la Comisión de la Verdad. Mientras tanto, en el estado de Veracruz, en poco más de cuatro años de gestión del gobernador Javier Duarte, suman 13 periodistas asesinados.

Aunque en Perú los responsables y perpetradores de las muertes de periodistas eran de tres tipos –los agentes del Estado, los terroristas y los narcotraficantes– y en México solo hay un tipo, la dimensión de la violencia en México contra este grupo humano es mucho mayor. Aquí, una lista de los 47 periodistas asesinados o desaparecidos solo durante los años de la violencia ligada al terrorismo de Estado y de Sendero Luminoso (hay un nombre repetido, pero falta el huancavelicano Ángel Escobar) y las circunstancias de los hechos; posterior al 2000 ha habido otros asesinatos, el más reciente a un joven periodista que investigaba a extorsionadores al sur de la capital.

Marcela Turati ha comentado anoche que el mensaje ha sido recibido: que ya no están seguros en la Ciudad de México y que las precauciones de seguridad no evitan la muerte. “Con el asesinato de Rubén se aseguraron de hacernos llegar varios mensajes paralizantes: No importa que no cubras notas policiacas cualquier tema incómodo está vedado/ No importa el medio para el que trabajes ninguno te servirá como escudo/ No huyas al DF porque hasta allí iremos a cazarte […] El mensaje fue recibido. Ahora nos fue entregado aquí, en la ciudad oasis en donde ese tipo de violencia no llegaba. Y además no mataron a cualquiera, torturaron y asesinaron al más valiente, al experto en seguridad, al de los ideales trabajados, a un poeta de la lente, a un incorruptible, a uno de los mejores”.

Hay desconcierto y frustración entre los periodistas y activistas de derechos humanos en México, como lo hubo en los años de guerra en Perú, cuando los fiscales, la policía y el poder judicial no actuaban para investigar ni sancionar estos delitos. La impunidad ante la injusticia -pese a las pruebas- hermana en este momento a ambos países. En la mayoría de veces, los crímenes en Perú han quedado impunes, pero, en otros, los deudos –viudas o huérfanas usualmente– nunca dejaron de insistir en pedir justicia en las instancias nacionales e internacionales. Y esa fuerza es necesaria en México, más aún cuando las redes civiles y sociales se notan más articuladas que en el caso peruano, donde los familiares de las víctimas no contaban con tanta solidaridad (o con ninguna).

Por ejemplo, a mediados de julio empezó el juicio oral contra un nuevo acusado, un general del Ejército en retiro, por el asesinato del periodista Hugo Bustíos en 1988 en Ayacucho, a manos de una patrulla militar. En este caso, los perpetradores le dispararon y luego le hicieron estallar una granada en el pecho. Su viuda Margarita Patiño enfrenta hace décadas la lentitud de la justicia y el hostigamiento por parte de los acusados. En 1990, el periodista Ángel Escobar Jurado fue asesinado también por militares en Huancavelica, en la sierra central, este año se espera que la Fiscalía formule la acusación ante el Poder Judicial, 25 años después del crimen. La insistencia de su hija Belsa ha sido vital para que el trámite avance luego de 12 años de haber sentado la denuncia.

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2- Cuando llegué a México en 1992 viví algunos meses en la avenida Cumbres de Maltrata, muy cerca de donde asesinaron al fotoperiodista veracruzano Rubén Espinosa. Al ver en las noticias que lo encontraron muerto junto con cuatro mujeres en la colonia Narvarte tuve un instante de familiaridad. Como aún no existía correo electrónico, escribí decenas de veces ‘Col. Narvarte’ en cartas que enviaba especialmente a Perú. El lugar de la tortura y muerte es un edificio en la esquina de Zempoala con Luz Saviñón, calles por donde en aquel tiempo salía a buscar tortillas, o a algún tianguis semanal, o a caminar para despejar la pena. O era el lugar donde caía la lluvia con una fuerza que nos volvía a los peatones una nada. ¿Cómo llegar en esas condiciones al metro Nativitas? El paraguas no servía, los autos salpicaban el agua empozada. El barrio siempre tuvo más de gris y oscuridad que lo que hubiera querido, de día o de noche, una zona de clase media-media o media-baja, donde casi nadie conocía a los otros, donde el pan tenía poco sabor y era hueco, donde vi el pozole por primera vez, donde parecía que las emisiones de la cantidad de autos que pasaba por la Calzada de Tlalpan habían ensuciado las paredes de las casas. Al mirar la foto del edificio donde los asesinaron, estas imágenes han salido de donde no sabía que estaban.

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3- Mientras el sábado 1 por la noche en Lima, la escritora mexicana Margo Glantz se refería a la violencia del narco en su país, durante un diálogo en la Feria Internacional del Libro, las redes sociales reportaban el hallazgo del cadáver del fotoperiodista veracruzano Rubén Espinosa. “Es una época en que el narcotráfico está haciendo estragos en México, hay un doble poder, el narco está gobernando de manera muy brutal el país”, comentó. Y luego lamentó el aumento de la veneración de la Santa Muerte y de una figura como Jesús Malverde: “ello indica algo muy grave, y políticamente también”. La mañana del domingo, Glantz tuiteó “Horror e impunidad” y no ha parado de compartir en su muro información, columnas y material sobre este caso.

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