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Absolutamente descompuesta veía, escuchaba y volvía a ver a Rubén Espinosa hablar en la entrevista que dio a Rompeviento TV días antes de ser asesinado. Este joven fotoreportero estaba viviendo una situación desesperada. Se le notaba atribulado y tenía unas inquietantes ganas de que sus preocupaciones tuvieran eco. Su vida giró en los últimos ocho años alrededor del ejercicio del fotoperiodismo en Veracruz, sin embargo ejercer su oficio en los últimos tiempos se había convertido en una tortura debido las intimidaciones dirigidas en su contra por el gobernador de la entidad Javier Duarte, según denuncias públicas que él mismo venía haciendo desde hace al menos un par de años.

Pero ¿cuáles eran las cosas que concretamente preocupaban a Rubén? En las respuestas que dio a los periodistas de Rompeviento TV (Daniela Pastrana, Luis Guillermo Hernández y Lydiette Carrión) fue muy claro, y ahora más que nunca me parece pertinente enumerarlas.

1.- “Un periodista en Veracruz no podría mantener a una familia con su salario…, porque allá (los sueldos) son muy bajos”, dijo Rubén. La percepción mensual de un reportero en esa entidad oscila entre los 3.600 y 4,782 pesos al mes “y con eso da para comer y para el transporte, pero nada más”, dijo. Por eso hay compañeros que tienen varios trabajos, o que en su defecto, entran al círculo de la corrupción: del “chayo”.

2.- Esta situación ha derivado en algo que Rubén señaló de manera contundente: “En Veracruz los medios de comunicación están al servicio del dinero de la corrupción (que les da el gobierno de Javier Duarte)… y no sólo son lo directivos, sino reporteros y fotógrafos que se pelan por desayunos de 45 pesos”. Narra entonces brevemente los desayunos que organizaba Duarte en el famoso Café de la Parroquia, en los que los periodistas invitados literalmente se arrebataban los platillos: “¡Si lo vemos de manera cruel y cruda se pelean por un plato de dos huevos que vale 15 pesos!… Esto es algo realmente triste… Es una prostitución de la información devastadora para la sociedad. Porque no nada más nos perjudica a nosotros, sino a todos los demás…”

3.- Menciona enseguida la “absoluta desconfianza” en las autoridades que están a cargo de salvaguardar la integridad de los periodistas. En este caso, Rubén Espinosa reveló un vergonzante hecho de corrupción por partida doble. Relata que después de un violento desalojo contra estudiantes que se dio en Xapala en septiembre de 2013, un grupo de fotógrafos que cubrieron el acto también resultó agredido, y sus equipos les fueron robados por los propios policías. Levantaron una denuncia y tres o cuatro días después, le llamaron de la Comisión Estatal para la Atención y Protección a Periodistas (CEAP) para preguntarle sobre cómo iba su caso. Un compañero del periódico Imagen acude a la CEAP, y les comenta que aparte de que no les habían devuelto el equipo, Miguel Valera, quien era enlace de prensa del Gobierno de Veracruz, le había ofrecido dinero para que ya no dijeran nada más del tema. La recomendación de la gente de CEAP fue “recibir el dinero… Esto es un claro ejemplo de la indefensión en que estamos”, acusó Rubén. Precisamente por este motivo, él no había presentado denuncia alguna ante entidades gubernamentales, incluido el Mecanismo de Protección del gobierno federal, porque simple y llanamente “no confío en ninguna institución del Estado”, dijo.

4. “Cubrir movimientos sociales en Veracruz se ha convertido en un riesgo”. Rubén aclaró que a pesar de que no cubría temas de crimen organizado y narcotráfico; sí trabajaba hechos relacionados con movimientos y protestas sociales de estudiantes, campesinos y defensores del medio ambiente.

Además, desde los primeros asesinatos que se dieron en Veracruz a periodistas, participó activamente en las movilizaciones para exigir justicia. Incluso Rubén comentó que llegó a dar cursos a sus compañeros de protección y seguridad. “Y solo por eso nos llamaban guerrilleros”.

5. La prensa contra la prensa. Rubén expone finalmente, el tema de un gremio dividido y que se ataca constantemente. Relató que a él y a algunos de sus compañeros que eran más activos, les habían hostigado desde diversas notas y columnas de diarios locales, acusándoles de protagonismo y de ser panistas. “No entiendo que te tengas que quedar callado cuanto te golpean, y han sacado una columna en la que se burlan de nosotros”.

Estas son en resumen algunas de las preocupaciones que tenía Rubén, y que desgraciadamente nos pintan un panorama de lo que sucede con el ejercicio del periodismo en entidades con altos índices de corrupción y violencia contra periodistas como Michoacán, Guerrero y Tamaulipas.

Rubén estaba lanzando un SOS, una petición de ayuda y de visibilización del estado de las cosas en entidades del país donde la prensa es violentada, amenazada y corrompida.

Nada justifica una masacre como la que se dio en la colonia Narvarte contra Rubén Espinosa, Nadia Vera y tres mujeres más, todos brutalmente torturados antes de asestarles el tiro de gracia.

Rubén y Nadia habían expuesto públicamente mensajes en los que advertían que si algo les llegase a ocurrir, Duarte sería el responsable; y sólo por este hecho, la línea de investigación que lleva al gobierno de Veracruz debería primarse y mantenerse. Como sociedad debemos exigir una investigación limpia y expedita de este caso que se acumula al infinito montón de agravios que en México nos tiene ya doblada el alma.

#JusticiaPorlxs5

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