Esquire

Luego del cierre de Cambio México, en 2004, un grupo de periodistas comenzamos a reunirnos para idear una publicación donde pudiéramos seguir contando historias que fueran más allá del reportaje acartonado. Gabriel García Márquez nos había malacostumbrado a relatar en su revista los hechos del modo en el que lo hacen ciertos abuelos: con esa emoción impertérrita que proviene del asombro ante lo relevante, lo maravilloso, lo que escapa de la norma.

Catalina Gayá y Témoris Grecko me convencieron en una noche de Pata Negra –el bar refugio de aquellos días– que teníamos que vernos todos los lunes hasta generar un proyecto donde pudiéramos redactar las noticias como si fueran cuentos de la vida real. La influencia que teníamos más a la mano provenía de la revista Gatopardo, y no había mucho más, así que nos propusimos revisar publicaciones de otros países para construir un cajón a la medida de nuestras inquietudes.

Conforme fueron pasando los lunes íbamos sumando a la discusión colectiva a otros colegas. Alguien propuso que hiciéramos algo parecido a Esquire y otro sugirió que le echáramos un ojo a SoHo, cuyas marcas aún no habían pisado suelo mexicano. Las veladas para crear nuestro propio sello se centraron en la propuesta editorial y contemplaban una estrategia comercial que, a decir de nuestras alegres cuentas, derivarían en una publicación sólida en ambos frentes. Sólo teníamos un problema: todos estábamos en quiebra porque dedicábamos más tiempo a diseñar un futuro autoempleo que a emplearnos.

Cuando terminamos el Número Cero de la revista mensual que llevaría por nombre Expresso, caímos en la cuenta de que la única salida posible era ofrecer el proyecto a algún medio con capacidad para financiar un sueño bastante caro.

Javier Martínez, entonces director editorial de Grupo Editorial Expansión, se interesó por conocer Expresso, y nos dio una cita para que presentáramos el proyecto ante una comitiva que incluía a los mandos comerciales del consorcio para el que prestaba sus servicios. Martínez había acumulado reputación por ser el impulsor de publicaciones novedosas y osadas que estaban refrescando el acartonado mundo de las revistas. Chilango, Quo y Quién estaban en la mira de los lectores y de periodistas que buscaban espacios interesantes donde publicar. Pero no sólo eso: Martínez parecía tener una fórmula que combinaba su experiencia como periodista con un refinado olfato para los negocios.

Por esos días, el grupo que empujó Expresso fue perdiendo impulso. Unos conseguimos empleo en medios nacionales, otros se marcharon del país. Nuestra primera portada pudo haber sido Gael García sentado en el escusado, una imagen tomada por Valeria Ascencio que ya había sido publicada en páginas interiores de Cambio, pero esta vez iría acompañada de una extensa entrevista con el actor mexicano in situ, o sea, haciendo del baño.

Unos años después nos enteramos que la marca Esquire llegaría a México. La dirigiría un editor ingenioso y astuto que había ganado fama de tener el feeling de un gentleman, Carlos Pedroza. Bajo su tutela habían crecido revistas como Quo y Life&Style, y se había hecho mítica una edición que llevaba por título Quo: El libro negro del sexo. Pedroza había formado una red de colaboradores que lo mismo reportaba las tendencias más relevantes de la ciencia que daba cuenta de los descubrimientos más importantes de la moda, al tiempo que ponía en su lugar a los sucesos internacionales de mayor impacto.

Martínez y Pedroza mudaron sus lapiceros a Grupo Editorial Televisa, desde donde lanzaron Esquire Latinoamérica, una publicación que lleva más de siete años contando historias bien escritas y rigurosamente reporteadas, bajo la mirada exigente de un editor enorme, Manuel Martínez. Aún recuerdo los comentarios a los textos que escribí para ellos. Pocas veces he encontrado un comandante editorial con esa sensibilidad para exigir prosa pulcra y datos precisos. Manuel es de 10, y sabe transmitir ese estilo a los editores bajo su mando. Felipe Restrepo, Alejandro Ortiz (Matu) y Mael Vallejo seguramente pueden dar cuenta de ello.

Hace poco Martínez y Pedroza lograron traer a México un sello editorial colombiano de referencia para la crónica iberoamericana, SoHo, una publicación que se caracteriza por contar historias desenfadadas y disruptivas, con lo que cerraron un ciclo de lanzamientos que han dado de qué hablar en el planeta de los medios.

En estos últimos años se posicionaron también las revistas National Geographic y National Geographic Traveler, bajo la conducción de la periodista Fernanda González Vilchis, quien fue la editora fundadora de Chilango (¿Quién no recuerda a Ana Claudia Talancón sobre una cama de chiles?).

Javier, Carlos, Manuel y Fernanda marcaron a una generación que se mueve en las aguas que abrevan del periodismo narrativo e impulsaron ideas novedosas que avivaron el mercado editorial mexicano de los últimos 15 años. Los cuatro están por hacerse a mares frescos, donde seguramente navegarán con pericia. Van buenas vibras, capitan@s.

 

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