Por Ricardo González (ARTICLE19), cuaderno invitado
 

Además de las amenazas de violencia física y psicológica, el periodismo se ejerce en México en un contexto de precarización del  trabajo e inestabilidad laboral. A estas alturas ya no se trata de si el despido del equipo de Carmen Aristegui de MVS es un asunto meramente contractual o un premeditado ajuste de cuentas. En un contexto como el mexicano, en donde el periodismo de investigación es escaso, la diversidad de voces es bastante frágil y la oferta de programación para niñas y niños es diminuta, la salida del equipo de Aristegui de MVS hace temblar el flujo de ideas, información y opiniones.

Más que eso, merma dramáticamente las opciones de información confiable a las que podemos acceder todos los mexicanos. La obstaculización del trabajo de un equipo de periodistas aguerridos y voces críticas (que de confirmarse las sospechas podría calificarse de censura indirecta), tiene efectos palpables en términos de pluralidad de voces y temas en la oferta informativa radiofónica y la agenda periodística del país.

El equipo de periodistas, colaboradores y comentadores de Carmen Aristegui conjuga el tesón de la experiencia con el empuje de las nuevas generaciones, es un equipo que a donde vaya o donde esté, continuará enriqueciendo el debate público y confrontando las tradicionales embestidas informativas de poderes formales y fácticos.  Además de sus capacidades probadas, el equipo de Aristegui cuenta con una audiencia leal dispuesta a manifestarse en las calles y  a seguirles a donde sea que continúen sus trabajo.

Sin embargo, el silencio impuesto al equipo de Aristegui, tras la burda y desproporcionada reacción de los directivos de MVS, es un mensaje de autocensura claro para toda la prensa mexicana, que ahora sabe que todo intento de periodismo adversarial y/o crítica puede terminar en un despido.

Hasta que no atendamos las causas estructurales que propician y reproducen las condiciones de vulnerabilidad que rodean el ejercicio periodístico, así como la falta de pluralismo y diversidad en el ecosistema mediático; prensa y audiencia podemos esperar más casos como este. Urge fortalecer los mecanismo de defensa gremial y laboral.  Tanto para el equipo de Aristegui, pero en especial para aquellas personas que ejercen el periodismo y no cuentan con mismas redes solidaridad y visibilidad. La vulnerabilidad de las condiciones laborales son un factor que incrementa el riesgo para la prensa y promueve la autocensura. Por eso, hoy más que nunca hay que avanzar  en el reconocimiento y protección del pluralismo y la diversidad de voces, temas, fuentes de información y medios.

De manera peligrosa, durante las discusiones de la Ley de Telecomunicaciones, se asumió que la competencia económica habría de revertir la falta de pluralismo y diversidad.  La proliferación medios de comunicación verdaderamente públicos y/o independientes,  así  como proyectos periodísticos críticos, no se dará por un decreto o como resultado directo de una disposición legal. El pluralismo y diversidad es el resultado directo del ejercicio de las libertades de expresión y de prensa en condiciones de seguridad, igualdad, certeza jurídica. No es suficiente acorralar a quienes regulan, controlan y se benefician del duopolio mediático e informativo que impera en México.

Es deber de periodistas, ciudadanos y sociedad civil hacer un trabajo coordinado para la apertura de espacios a nuevas voces y proyectos informativos que en este momento no tienen cabida en la oferta mediática nacional, para que la influencia económica y política de unos pocos grupos que creen tener el poder absoluto de la información, comience a diluirse.

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