Imagen de una pila de zapatos en Auschwitz. Tomada de http://unescogeek.com/auschwitz-birkenau-poland/

Imagen de una pila de zapatos en Auschwitz. Tomada de http://unescogeek.com/auschwitz-birkenau-poland/

Las imágenes todavía son muy fuertes para ser procesadas: montañas de anteojos y de prótesis dentales, casi 350 mil trajes de vestir para hombre y unos 835 mil vestidos de mujer, y unas siete toneladas de cabello.

Eso es lo que se ve en algunos de los videos que grabaron los rusos cuando liberaron el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, el 27 de enero de 1945.

Hoy se cumplen 70 años de ese suceso y todavía pesa de diferentes formas: los testigos piden que se siga hablando de ello, y los alemanes quieren olvidarlo.

“Hay muchas cosas por trabajar en la historia. Tenemos un trabajo fuerte por delante”, comenta Piotr Cywinski el director del museo de sitio del campo de concentración de Auschwitz, ubicado en Polonia.

Esas grandes tareas consisten por ejemplo en seguir haciendo conciencia en la gente sobre lo que significó esa matanza en serie y masa. Las imágenes de los objetos que quedaron de algunas de esas personas asesinadas ayudan a verlo de otra forma.

Pero el recuerdo hablado, compartido, de los últimos sobrevivientes también es valioso. Muchos temen que sin sobrevivientes ya no habrá más trabajo de memoria, pero uno de éstos, Elie Wiesel, un rumano que ganó en 1986 el Premio Nobel de la Paz por su campaña contra el racismo y la discriminación, dijo que “cualquier que hoy en día escuche a un testigo de lo que pasó, se convierte en sí mismo en testigo”.

Esta semana el semanario político Der Spiegel salió en portada con el tema de los 70 años de la liberación de Auschwitz, haciendo entrevistas con 19 de los sobrevivientes, todos entre 80 y 92 años de edad, gente que habla abiertamente de ese proceso sistemático de exterminio.

“Solo tenía una cosa en la cabeza cuando liberaron el campo de concentración: contar todo lo que pasó. Pensé que así las cosas serían mejor en el mundo. Pero ha sido una decepción. La gente no quería escucharme siempre, era demasiado lo que contaba”, cuenta Jehuda Bacon, 85 años de edad, en una de las entrevistas.

Varios de estos sobrevivientes hablan con viveza de lo que vivieron. Se han dedicado a contarlo durante casi toda su vida. Y para muchos sigue siendo demasiado lo que escuchan.

Un reciente estudio de la Fundación Bertelsmann señala que un 81 por ciento de los alemanes quieren dejar esta historia ya atrás.

Uno de los creadores de este estudio, Stephan Vopel, señala que las cifras no sorprenden, pues han estado “estables” ya desde hace 20 años. La gente quiere dejar de hablar de la persecución de judíos y del Holocausto.

Pero esto no significa que no lo consideren importante. En el mismo estudio destaca como única cifra creciente el hecho de que cada vez más gente considera que el Holocausto es algo muy importante para el presente.

Es importante pero no hay que hablar de ello. O al menos no de una forma trivial, que es la experiencia que yo he hecho en todos estos años en Alemania.

Cuando Spiegel publicó la portada de su revista en Facebook, los comentarios de los alemanes de redes sociales fueron en su mayoría “¡Ya basta!, ¿no?”, “Los crímenes no pueden heredarse”, como para decir que los alemanes de ahora no tienen nada que ver con eso.

“Dejemos el pasado atrás y hablemos mejor de los genocidios en otros países”, dicen otros.

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