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Por Témoris Grecko (síguelo en Facebook y Twitter)

Este texto actualiza con nuevas preguntas y respuestas el que publicamos el 4 de noviembre “Y los estudiantes que mataron en Iguala… ¿eran revoltosos o activistas, ayudaban al narco o a la guerrilla, por qué les echan la culpa de su propia tragedia?”

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A lo largo de seis semanas, los padres de los 43 estudiantes desaparecidos han escuchado convencidas afirmaciones de gente que no puede probar lo que asevera. Sicarios y policías detenidos apuntaron a fosas clandestinas en donde se hallaron 28 cuerpos que no eran los de sus hijos. Autodefensas de la organización UPOEG, que realizan búsquedas por su cuenta, se apoyan en su “inteligencia comunitaria” (avisos de campesinos) para hallar más hoyos sin relación con el caso. Un narcotraficante de nombre “Cabo Gil” dejó una manta que aseguraba que los 43 “están vivos”. Personas como Alejandro Solalinde difundieron dichos anónimos de que los habían matado. El gobernador sustituto Rogelio Ortega se ofreció a mediar en negociaciones con secuestradores fantasma. Hasta que el 7 de noviembre, en vísperas del viaje del presidente Peña Nieto a China, el procurador Murillo Karam fue a ver a los padres para decirles que ya lo tenía todo claro: sus hijos habían sido asesinados, incinerados, amontonados en bolsas y arrojados al río. Los autores intelectuales, Abarca y Pineda, habían sido capturados tres días antes y, resuelto el asunto, Peña Nieto podía subirse a su avión de superlujo con toda calma.

No tan rápido: los padres no se dieron por satisfechos. ¿Por qué era diferente esta vez de las ocasiones anteriores en que les trajeron versiones sin sustento? Como evidencia, el procurador sólo presentaba videos de “confesiones”… pero semanas atrás, ¿no habían “confesado” otras cosas distintos detenidos, como que los habían enterrado en fosas? Esta vez, los policías tenían cenizas… pero antes de eso, de las fosas habían sacado cuerpos, y de todos modos, pasó un mes antes de que los análisis comprobaran que pertenecieron a personas diferentes.

Hastiado, Murillo Karam regaló lo que hasta ahora es la frase más popular de su vida, “ya me cansé de que me regañen”, convertida en un hashtag de Twitter que se catapultó al segundo lugar de los trendtopics mundiales y que logró el efecto de colocar las cosas en una óptica más amplia: si encontrar a los desaparecidos es urgente y es el objetivo inmediato del amplio movimiento de indignación global que lo exige, en profundidad la meta es acabar con la situación que permite que éste y muchísimos crímenes más sean posibles. Es decir, combatir y terminar con una cultura política de inmensa corrupción que liga a políticos, empresarios y criminales tan estrechamente que es casi imposible distinguirlos.

#AyotzinapaSomosTodos y #AcciónGlobalporAyotzinapa se convirtieron en precedentes de #yamecansé, el nuevo hashtag que finalmente ha descubierto el fondo del problema: el procurador se cansó, el presidente no entiende la magnitud del descontento y se va de viaje, las redes de corrupción político-económica arrastran al país a la destrucción, la emergencia no es sólo por los desaparecidos: es por salvar México, que está en grave peligro.

La gira presidencial por China es un pésimo indicador del autismo presidencial: había que llevarla a cabo pese a todo, aunque el fuego llegue a las puertas de Palacio Nacional, porque –pensaba Peña Nieto— una de sus órdenes, su voluntad presidencial, bastaba para que su procurador Murillo Karam le diera carpetazo al asunto. Pero su empleado fracasó. No sólo falló en resolverlo: insultó a los padres, evidenció su disposición a manipular evidencias para fabricar soluciones artificiales y en un alarde épico de torpeza indignó todavía más a la nación.

A continuación, las nuevas preguntas:

¿Creyeron los líderes de Guerreros Unidos que los estudiantes eran miembros del cártel rival de Los Rojos?

¿Pueden tres hombres armados controlar, transportar, interrogar y asesinar a 43 estudiantes rebeldes?

¿Pero fueron ellos los que mataron a los 43? ¿Y los que “confesaron” haber matado a diez, por separado?

¿Qué se necesita para incinerar 43 cuerpos hasta convertirlos en cenizas?

¿Y la lluvia, apá?

Si una pira tan grande como para incinerar 43 cuerpos ardió durante 15 horas, de media noche a la tarde siguiente, ¿cómo es que nadie la vio ni la olió?

¿Acostumbran los sicarios improvisar incineradoras masivas?

Pero por lo menos detuvieron a los autores intelectuales, Abarca y Pineda… ¿o eso también está raro?

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 Manifestantes prenden fuego a la Puerta Mariana de Palacio Nacional. 8 de noviembre de 2014.

¿Creyeron los líderes de Guerreros Unidos que los estudiantes eran miembros del cártel rival de Los Rojos?

Bajo la mesa, se sabe que el procurador ha usado una carta sucia para presionar a los padres de familia: revivir de alguna forma la que en un primer momento llamó “línea única de investigación”, la de que los muchachos tenían que ver con Los Rojos –un grupo muy debilitado— y la violenta reacción de Guerreros Unidos habría sido una violenta defensa de su territorio. Posteriormente, la retiró, pero con la amenaza más o menos explícita de volver a implicar a sus hijos con el crimen organizado. Murillo Karam “se cansó” porque los padres no aceptaron darse por vencidos, resignarse a perder a sus hijos y dejar que Peña Nieto pudiera presumir de haber resuelto el problema durante su viaje a China.

Tres días después de su desencuentro con los padres, el 10, Murillo Karam “reveló” que un dirigente del cártel, Sidronio Casarrubias, recibió un aviso de uno de sus lugartenientes, El Gil: “El mensaje es muy claro. En el mensaje le dice: ‘Nos atacaron Los Rojos, nos estamos defendiendo’. Y en el mensaje del día siguiente añade: ‘Los hicimos polvo y los echamos al agua, nunca los van a encontrar’. Es textual el mensaje”.

Según el procurador, esto confirma todo lo que asegura: Guerreros Unidos se defendía de Los Rojos y a los normalistas los incineraron y arrojaron al río.

Da la impresión de que o los sicarios de Guerreros Unidos son unos idiotas o los de Los Rojos son unos suicidas: en la primera de las balaceras, la policía municipal atacó y secuestró a 43 estudiantes que sólo pudieron defenderse con las pocas piedras que encontraron. ¿Es así como se invaden territorios de un enemigo equipado con armas de alto poder y que controla a cuerpos policiacos completos?

Una vez que los policías los tuvieron en sus manos y los entregaron a los sicarios, ¿no se dieron cuenta de quiénes eran sus prisioneros? Según declaraciones dadas a conocer con anterioridad, los primeros detenidos identificaron de inmediato a sus víctimas como “ayotzinapos” y decidieron asesinarlos “por andar de revoltosos”, no por representar una amenaza: los mataron porque los despreciaban y porque querían dejar claro que en su territorio no se admiten rebeldías.

¿Pueden tres hombres armados controlar, transportar y asesinar a 43 estudiantes rebeldes?

Dos presuntos delincuentes, Patricio Reyes Granda y Agustín García Reyes, aparecen en videograbaciones en las que “confiesan”, asegura Murillo Karam, cómo recibieron, transportaron, asesinaron, incineraron y arrojaron al río a los normalistas. Como para darle más realismo a la narración, realizada en un tono banal, uno comenta muy casual que no los contó pero coincide con el número de desaparecidos: “Los últimos tres detenidos declaran que en la brecha que lleva al paraje de Loma de Coyotes, recibieron de los municipales a un número de personas que no pueden precisar con exactitud, pero que uno de los detenidos estimó en más de cuarenta”, afirmó el procurador.

Cuarenta y tres activistas estudiantiles de una de las escuelas más famosas por aguerridas y combativas en el país, capaces de adivinar, por los antecedentes de los cárteles igualtecos, que los llevaban a una muerte más que probable. Sometidos por tres hombres que los amontonaron en dos camionetas, con tanta presión que una quincena de las víctimas murió de asfixia. Al llegar al basurero municipal del pueblo de Cocula, “los interrogaron”. Tres muchachos a la treintena de jóvenes sobrevivientes. Que deben haber sido muy mansos porque, a pesar de ser admiradores del Che Guevara y Lucio Cabañas, no dieron problemas que sus victimarios se molestaran en reseñar.

Sigue Murillo Karam: “los detenidos señalan que en ese lugar privaron de la vida a los sobrevivientes y posteriormente los arrojaron a la parte baja del basurero, donde quemaron los cuerpos”. Como a ovejas, según parece. Sin resistencia que mereciera un comentario.

¿Pero fueron ellos los que mataron a los 43? ¿Qué pasó con los que “confesaron” haber matado a diez, por separado?

“El Choky ordenó que bajáramos a los diez (estudiantes). Yo les disparé a dos en la cabeza con el arma de la Mente, Gaby mató a otros dos, Choky mató a uno, la Vero mató a otro y dejamos vivos a cuatro…”. “En ese momento arrastraron el Choky, la Vero y la Mente a los seis muertos al hoyo en donde El Gaby les roció el diésel y también les prendió fuego hasta que se calcinaron”.

Esta fue la primera versión

Éstas fueron las primeras declaraciones difundidas por la PGR, el 22 de octubre, y evidentemente contradicen las de los videos que presentó a los padres el 7 de noviembre. Diez muchachos habrían sido separados, asesinados e incinerados por otros cuatro sicarios, en un acto distinto del que supuestamente ocurrió en el basurero de Iguala.

Y los normalistas no se dejaron secuestrar, trasladar y matar con la pasividad de las ovejas. Hubo otro grupo en el que varios fueron asesinados “en caliente”: “A algunos los mataron con tiro de gracia en la cabeza y a otros a golpes ya que se pusieron muy violentos cuando estaban secuestrados y para que no estuvieran chingando se decidió matarlos; creo que utilizaron la excavadora para enterrarlos en el mismo rancho que tenemos, a siete de estos muchachos los quemamos por instrucción del Choky”.

De manera que a ellos los enterraron en un rancho, no los quemaron en el basurero. Y a otros los mataron en el mismo momento del secuestro: “por lo que supe que El Choky sí alcanzó a chingar a varios ayotzinapos, ya que se estaban poniendo muy locos; una vez que se comienzan a bajar los estudiantes comienzan a correr y logramos asegurar a diecisiete”.

Si Murillo Karam tiene razones para descartar las primeras confesiones y creer en cambio las que grabaron en video, no lo explicó: quiere que le creamos sin molestarse en explicar las graves contradicciones registradas por sus policías.

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¿Qué se necesita para incinerar 43 cuerpos hasta convertirlos en cenizas?

En los videos, uno de los detenidos explica que hicieron “un círculo de pura piedra y ya encima de la piedra se aventaba la llanta. Y arriba de la llanta se metía la leña”. Después, “con diesel y gasolina bañaron a los cuerpos”.

El procurador explicó que los criminales “hicieron guardias y relevos para asegurar que el fuego durase horas, arrojando diesel, gasolina, llantas, leña, plástico, entre otros elementos que se encontraron en el paraje. El fuego duró desde la medianoche hasta aproximadamente las 14:00 horas del día siguiente. Y otro dice que hasta las 15:00. Por el calor que desprendía el área, los delincuentes no pudieron manipular los restos de los cuerpos sino hasta las 5:30 de la tarde”.  Más tarde, fracturaron los restos de los huesos calcinados para depositarlos en “ocho bolsas grandes” de basura negras.

Según Murillo Karam, los sicarios lograron improvisar en ese basurero, en medio de la noche, condiciones que replican las de la incineradora de una funeraria que necesita entre tres y cinco horas, a entre 900 y 1250 grados centígrados, para tratar un solo cadáver. Y ellos tenían 43. Que procesaron en 15 horas, a lo sumo, si es que el fuego encendió de inmediato hasta alcanzar la temperatura óptima. Una hoguera inmensa de la cual, sin embargo, sólo han encontrado tres testigos –los perpetradores—, como si nadie más se hubiera percatado durante todo ese tiempo.

Ni siquiera en una funeraria, además, eso es suficiente: los restos tienen que pasar por un cremulador, un aparato que tritura los huesos, antes de ser depositados en la urna. Santiago Meza, el famoso “Pozolero” que desintegraba cuerpos para el cártel de Sinaloa en Tijuana, sabía lo duro que son los huesos y por eso utilizaba su famoso caldo de sosa cáustica.

Mi colega Claudia Munaiz publicó el miércoles 12, aquí en Cuadernos Doble Raya, la explicación del criminólogo David Martínez-Amador que asegura que “no se puede hacer una mega pira funeraria para 43 personas en medio de la maleza. Los 1000 grados centígrados se alcanzan solo con tecnología moderna. El calor para deshacer 43 cuerpos requiere multiplicar los 980 grados, para ser exactos, que por cuerpo son necesarios en un crematorio formal. Y aun así esto tomaría varias horas. En un crematorio, el tiempo de cocción es de una hora por 45 kg de peso corporal. Es imposible haber generado el averno en una barranca de Iguala”.

Un cuerpo adulto produce de dos a cuatro kilos de ceniza, dijo Martínez-Amador, por lo que 43 cuerpos dejarían aproximadamente 129 kilos de cenizas “que no pudieron haberse trabajado inmediatamente por el calor y los gases presentes en el área”.

El procurador quiere que creamos que esos tres esforzados hombres recibieron a 43 prisioneros remolones, los subieron a camionetas, los transportaron, los bajaron, los interrogaron, los mataron, los arrojaron barranca abajo, montaron una incineradora gigantesca, subieron los cuerpos a ella, mantuvieron vivo el fuego intensísimo, “fracturaron” y “pulverizaron” los últimos huesos de forma desconocida, recogieron centenares de kilos de cenizas, los metieron en granes bolsas, los subieron 30 metros hasta la parte superior del basurero, los llevaron hasta el río y los arrojaron… ¡ya no hay campeones como ésos!

¿Y la lluvia, apá?

A Murillo Karam y a sus detenidos se les olvidó que esa noche llovió, y llovió con ganas, en esa zona.

Estaba pronosticado y anunciado por instancias oficiales: dos días antes, el 24 de septiembre, Protección Civil de Guerrero advirtió: “se alerta de lluvias moderadas a torrenciales” por la tormenta tropical Manuel, que golpeaba el Estado.

Tenían razón para hacerlo: las lluvias provocaron daños en diversos municipios, incluido “un derrumbe en la carretera que comunica al poblado de Machito de las Flores, municipio de Cocula”. El mismo del basurero de la incineración masiva improvisada.

Los videos grabados por los periodistas que llegaron al sitio del ataque alrededor de la medianoche, entre ellos Cadena Tres y Milenio Televisión, registraron un escenario lluvioso.

También el ejército, en su afán de explicar por qué no intervino en defensa de los agredidos, confirmó que llovió esa noche en Iguala. Lo dijo el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, cuando se reunió con la comisión legislativa de seguimiento al caso Ayotzinapa, “les mostró a los diputados mapas y les aseguró que, por la distancia, los militares no estuvieron en condiciones ni de escuchar los disparos ni de ver las llamas del incendio ‘porque era un día lluvioso‘”.

Si a los supuestos asesinos se les olvidó la lluvia, los estudiantes sobrevivientes sí la recuerdan, como en este testimonio recogido por el periódico local El Sur: “Pedro corrió con sus compañeros, relató que se refugiaron en un terreno baldío donde permanecieron toda la noche bajo la lluvia”.

Toda la noche. Cerca del Instituto Tecnológico de Iguala, a 18 kilómetros del basurero de Cocula.

Weather Underground, un sitio web estadounidense que se alimenta automática e instantáneamente de los datos que transmiten decenas de miles de estaciones climatológicas del mundo, recogió estos datos de la más cercana, la del municipio de Huitzuco, colindante con el de Cocula.

En la noche del 26 de septiembre, empezó a llover a las 22:44. A las 23:29, la intensidad de la precipitación alcanzó una primera cima de 26.9 milímetros, que subió hasta los 27.7 mm. a las 23:44, para después bajar a 4.3 a las 00:14 del 27 de septiembre. Se mantuvo cerca de ese nivel hasta las 4 de la mañana.

De acuerdo con la clasificación de intensidad de la lluvia, entre 15 y 30 milímetros se considera “fuerte”. Estuvo cerca de llegar a los 30 y si hubiera pasado, hubiese sido “muy fuerte”. Un amigo acostumbrado al campo describe 27 mm como una cantidad de lluvia como para “tener que usar los limpiadores de tu parabrisas lo más rápido que pueden”.

Éste es un ejemplo de una lluvia que “alcanzó intensidades de lluvia de hasta 27 mm en 10 minutos”, según el usuario que subió este video:

Tras analizar una imagen tomada por un satélite con un radar meteorológico de lluvia a bordo y utilizado por la NASA, el Tropical Rainfall Measuring Mission (TRMM), con las coordenadas del basurero de Cocula, David K. Adams, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, le dijo a Claudia Munaiz que esa noche “efectivamente, llovió mucho y bien. 27 milímetros de lluvia durante unas horas es una buena lluvia. El suelo estaría saturado”.

Aunque utilizaron diésel, los sicarios encontraron un basurero empapado, con leña y llantas mojadas, y tuvieron que trabajar, por lo menos, bajo la llovizna. Y ya que se trata de una cañada, a cuyo fondo arrojaron los cadáveres para montar su crematorio improvisado, se colocaron en un lugar que estaba recibiendo los derrames de las laderas y la parte superior del basurero, 30 metros más arriba. Mucha agua para quemar 43 cuerpos a 1000 grados de temperatura. Aunque se les haya olvidado.

Si una pira tan grande como para incinerar 43 cuerpos ardió durante 15 horas, de media noche a la tarde siguiente, ¿cómo es que nadie la vio ni la olió?

Murillo Karam describió el basurero como un sitio remoto y abandonado al que nadie acude. Mi colega Marcela Turati, reportera de la revista Proceso, habló con lugareños que le dieron estas declaraciones: “ese camino es transitado por bastantes personas que van a sus milpas”, “algunos pepenadotes entran (al basurero) a juntar plásticos o quemar su basura”, “mucha gente sube con camionetas o camina en busca de leña” (sitio del reportaje aquí, disponible en pdf aquí).

¿Acostumbran los sicarios improvisar incineradoras masivas?

El método tradicional para deshacerse de una persona es matarla después de haberla obligado a cavar su propia fosa. Así es ella la que tiene que caminar hacia su muerte, en lugar de forzar a los asesinos a cargar su cuerpo, y les ahorra el esfuerzo de hacer el hoyo. En algunos casos especialmente delicados, quien ordena la ejecución tiene un especial interés en borrar todas las pistas y se toma pesados trabajos, como incinerar el cuerpo.

No queda claro que José Luis Abarca tuviera esta costumbre: su víctima de más alto perfil, hasta donde se sabe, fue el dirigente perredista Raúl Hernández Cardona, pero no se tomó más molestia que la de arrojar su cadáver a una fosa porque Abarca se creía –con razón— impune: dejó testigos vivos, permitió que la viuda saliera a pedir justicia, y de todas formas ninguna autoridad actuó en su contra.

Los 43 estudiantes, por otro lado, no eran ni odiados rivales ni estimados líderes, sino simples “ayotzinapos”, la especie que Abarca y los suyos desprecian, y por cuya masacre no esperaba retribución.

Marcela Turati también entrevistó a forenses locales para preguntar qué tan común es la quema de cadáveres con diésel en la zona de Iguala. En más de 20 años, el doctor Édgar Lemus Delgado no ha recibido restos de personas cremadas con “uso de acelerantes” , en tanto que el director de panteones de Iguala, Ernesto Lome Quezada, expresó que “es sorprendente que digan que fueron calcinados. En dos años no he visto nada así”.

Una comisión de padres de desaparecidos visitó el basurero el día 9 de noviembre. De sus observaciones, destaca que hay “una superficie quemada de no más de 4 metros de diámetro, pero no hay indicios de restos humanos ni olores característicos de

zonas donde han sido hallados cadáveres” y alerta de que les quieren dar los restos de personas que no son sus hijos. En palabras de Bernabé, padre del joven faltante Joshivani Guerrero de la Cruz, “tal parece que les ha gustado declarar o suponer que las personas que quemaron ahí son nuestros familiares, pero hoy estamos conscientes y seguros de que ahí (en el basurero) no hubo estudiantes, porque no coinciden las declaraciones entre lo que están diciendo y los hechos de lo que hoy vimos”.

Pero por lo menos detuvieron a los autores intelectuales, Abarca y Pineda… ¿o eso también está raro?

José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda esperaban sentados en la cama y vestidos a los policías que los iban a arrestar. La versión oficial es que esto ocurrió el 4 de noviembre en una casa de Iztapalapa, una zona de Ciudad de México considerada bastión del PRD, el partido que gobierna en Iguala y en Guerrero.

El delegado perredista de Iztapalapa, Jesús Valencia, encontró inconsistencias en la actuación de la policía federal (que no permitió que los agentes locales bajo el mando de Valencia se acercaran) y al paso de los días, insistió en señalar que la PGR dejaba pasar el tiempo sin explicar cómo había ocurrido las cosas: “No puedo afirmar que los hayan sembrado, nos tiene que aclarar esas dudas, pero lo que no puedo es aceptar que no se nos explique con toda claridad”.

Anteriormente, el 23 de octubre, María Idalia Gómez, una periodista con una larga trayectoria especializada en seguridad pública, había revelado que según “información confirmada a Eje Central por distintas fuentes del gobierno federal”, Abarca y Pineda habían sido detenidos en Xalapa, la capital del estado de Veracruz, un bastión del PRI con un gobernador reiteradamente acusado de vínculos con el crimen organizado.

Hasta el momento de redactar este texto, Murillo Karam no ha dado a conocer qué tipo de datos están obteniendo de Abarca y Pineda, incluidos sus nexos con empresarios y con políticos de nivel estatal y federal.

La captura presuntamente realizada el día 4, sin embargo, y el encuentro donde les reveló a los padres de los desaparecidos que sus hijos estaban en bolsas de ceniza, el día 7, se produjeron justo a tiempo de que el presidente Peña Nieto iniciara una gira por China y Australia, con la satisfacción de haber resuelto el caso criminal más sonoro en lo que va de su gobierno.

No pudo ser así: hay dudas sobre qué clase de situaciones, acuerdos y compromisos rodean la caída de Abarca y Pineda, y sobre todo, los padres de los desaparecidos están indignados por el torpe intento de engañarlos para hacerlos aceptar que sus hijos caben en ocho bolsas de basura. Por si fuera poco, el desaseo con el que se asignó el contrato multimillonario para construir el ferrocarril México-Querétaro obligó a cancelarlo, con pérdidas económicas para el país y la molestia de los perjudicados, entre ellos sus anfitriones chinos, y además, se dio a conocer que la espectacular nueva mansión de su esposa está siendo vendida por una de las compañías del consorcio que iba a construir esa línea de tren.

Y se va perseguido, además, por el hashtag que le regaló su empleado Murillo Karam: #yamecansé.

Porque los mexicanos #yaestamoshartos.

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