DIOS SE FUE DE VIAJE

Tal vez no debería hacerlo: recomendar mi propio libro, mi más reciente novela, pero no puedo resistir la tentación de hablar bien, no de lo que he escrito, sino de los personajes que elegí y de los que me he enamorado: Émilie du Châtelet y Gerda Taro. Mujeres –ambas– libres, independientes, enamoradizas. De una pieza. Con convicciones de ésas que te invaden y, entonces, te es imposible ver la vida de otra manera. Incansables en su lucha por la lucidez de la razón y contra la intolerancia (de la sinrazón).

A Madame du Châtelet la conocí tal vez en el 2003 (no recuerdo la fecha exacta) en una exposición llamada: “La mujer de las luces”. En la Biblioteca Nacional de Francia, a la que entré simplemente para estar entre libros, se exhibía su obra, sus cartas, sus retratos y muchos de los instrumentos científicos que ocupaban las mesas de trabajo del laboratorio instalado en el Castillo de Cirey, donde vivió junto a quien fue su célebre amante durante 15 años: Voltaire (nada más y nada menos que el famoso filósofo de la Ilustración). Émilie, en una época en la que la educación científica era inaccesible para las mujeres (entre otras muchas cosas), logra, después de cientos de horas de estudio, paciencia y tenacidad, que la Academia Francesa la reconozca. Era un mujer inquieta desde su niñez, superdotada para los idiomas, las matemáticas y la física, quien, entre sus principales aportaciones, está la de haber traducido a Newton del latín al francés. Su mente científica, estructurada y de una profunda inteligencia, demuestra capacidades que muchos de sus pares y profesores envidian. Afortunadamente tiene un padre que reconoce su talento y la impulsa. Además, se casa con un marqués y militar que la respeta y le otorga toda la libertad posible para llevar a cabo sus experimentos científicos… y para coronar, noche a noche, su vida amorosa en el lecho del famoso escritor.

A Gerda Taro (nacida Gerta Pohorylle) la encontré hace dos años. Entrando a una exposición llamada “La maleta mexicana” en el Museo del Judaísmo, otra vez en París, una enorme fotografía con un bello e interesante rostro femenino me llamó la atención. Antes de saber quién era, sólo por su mirada ya había decidido que tendría que escribir sobre ella. En las salas del museo la fui conociendo más y su vida me atrapó. Fotografías de ella tomadas por quien fue su amante, Robert Capa, fotografías de la guerra civil española tomadas por la propia Gerda, su carnet de prensa, algunos objetos personales. Judía, alemana y rebelde, debe salir huyendo de su patria pues la atraparon repartiendo propaganda anti nazi. En París conoce a un tal André Friedman y juntos inventan a Capa y una vida uno al lado del otro, cada quien tras su cámara. Una relación profesional y erótica poderosa y llena de retos.

Decidí unir las dos historias, a pesar de los 200 años que las separan. Capítulo tras capítulo, el lector va del París de 1730 a la Barcelona de 1936, por ejemplo, siguiendo las huellas de ambas mujeres. Su lucha incansable, su inquietud intelectual. Para Émilie, que se definía como deísta, Dios era simplemente una explicación científica, un motor de la física, un principio matemático. Para Gerda, cuya religión siempre la había hecho sentirse distinta, rechazada, Dios era tan sólo un invento mágico del ser humano. A veces, cubriendo el frente de batalla y observando los horrores de la guerra, se preguntaba si, en caso de existir, ese ser supremo no habría partido de viaje, dejando a los hombres a su triste suerte. Ambas luchan –una con su pluma, la segunda con su cámara– contra la injusticia y la barbarie que produce la intolerancia. El temor a lo distinto. El rechazo a lo diferente, a lo que no se comprende.

Traviesas, seductores, femeninas, delicadas, de trato exquisito, directas, rebeldes, aprenden a no dejarse conducir por los dictados sociales, por las normas impuestas. Los finales, de Gerda y Émilie, pero también de la novela, son tristes por prematuros. Desconsoladores.

Dios se fue de viaje fluye y atrapa desde el principio. Imposible no involucrarse con estas dos historias, con las voces de las mujeres (y sus hombres), con su pensamiento pero también con su vida cotidiana: escenas tan simples como una juguetona y romántica cena en Nápoles o un picnic en la campiña francesa. Diálogos entre los amantes. Sutiles guiños de un capítulo a otro, que van uniendo las tramas. Dos hilos conductores en un tejido literario amoroso, pues fue escrito con las entrañas. Con toda la emoción que estas “diosas”, sólo vivas en nuestra memoria, me contagiaron; me heredaron, para mi gran fortuna.

Por último, aprovecho el espacio para invitarlos a las diferentes presentaciones:

–  En la Feria del Libro de Acapulco: viernes 17 de octubre a las 6 pm.

– En la Feria del Libro de Monterrey: domingo 19 de octubre a las 6 pm. Con los comentarios de Ana María Lomelí y Armando Vega-Gil.

– En el DF: miércoles 22  de octubre a las 7 pm en el Salón Covadonga (Puebla 121, Colonia Roma). Con la presencia de: Denise Dresser, Xavier Velasco y Las Reinas Chulas.

– En la Feria del Libro de Guadalajara: sábado 6 de diciembre a las 8 pm. en el Salón 2. Con los comentarios de Témoris Grecko y Fernando Rivera Calderón.

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