BTube

Hay que derrotar nuestro propio pesimismo, nos dice Juan Villoro (palabras más, palabras menos). Con las malas noticias que se han encadenado en los últimos días, producto, casi todas, de la ambición y el salvajismo humano, de la intolerancia, no es fácil ser optimistas. Mi amiga Ikram Antaki (a quien sigo extrañando y quien, por cierto, nació en Siria) decía que no conocía a ningún optimista inteligente. Una mente aunque sea levemente lúcida debe darse cuenta que el ser humano está perdido, argumentaba. Odiaba escuchar esta afirmación; me dolía. Por eso, a veces enterarse de buenas noticias es alentador y reconforta un poco. Aunque sea un poco. Y aunque no sean noticias tan frescas, al menos para mí…

Yo no conocía la existencia de los “booktubers”, lamento reconocerlo. Lo sé, no es algo tan novedoso (vean, sólo por dar un ejemplo, el reportaje que publicó Domingo del Universal apenas en el mes de julio). En México se empezaron a poner de moda desde el año pasado. Pero cada vez cobran mayor importancia. Entre los más famosos ya juntan miles de suscriptores y comienzan a dar conferencias juntos. Los organizadores de la feria del libro más importante del mundo en habla hispana, la FIL de Guadalajara, los invitaron a una mesa redonda en el 2013 (llenaron el auditorio) y este año acaban de publicar una convocatoria que dice: “Concurso de videorreseñas: Somos lectores, somos booktubers”. ¿El objetivo? Que cualquier persona reseñe un libro mediante un video casero, y lo suban a internet. A eso se dedican, de manera informal, claro, los booktubers (perdón por el anglicismo, pero creo que todavía no existe la palabra ideal en castellano): casi todos son jóvenes de, a lo mucho, 25 años. Graban videos en sus casas, tal vez con su librero de fondo, y de manera informal, divertida y desparpajada, nos recomiendan una lectura, nos dan un breve resumen de un libro o hasta avisan cuáles serán los libros que leerán en los próximos meses, mostrando las portadas. Editan el video para que no sea demasiado largo (en promedio, duran entre 5 y 10 minutos), y lo suben a internet a través de YouTube, Facebook, Twitter, Tumblr o Instagram, entre otros. Sobra decir que no son críticos especializados: son simplemente adolescentes y chavos a quienes les gusta la lectura y que quieren compartir su opinión fresca y sin pretensiones. La mayoría: estudiantes de las carreras de letras o de comunicación. Nadie les paga. No cobran por sus recomendaciones. Eso sí: algunas editoriales les mandan sus novedades para ver si consiguen una recomendación y los tienen en primerísimo lugar en sus bases de datos. Por el momento, los booktubers hacen sus comentarios para divertirse y compartir su adicción a la lectura. Digamos que la lectura que hasta hace poco era una actividad solitaria, muchas veces aburrida (sobre todos los libros obligatorios de las escuelas) a través de los booktubers se convierte en una actividad que puede compartirse desde la soledad de un sillón o de la recámara. Algunos lo hacen con buenas producciones, ediciones y hasta efectos especiales en sus videos. Otros, de manera más amateur. Les sugiero que se den una vuelta por las páginas, por ejemplo, de Fa Orozco en “Las palabra de Fa”. O que vean a Raiza Revelles (la pionera en México), con más de 320 mil suscriptores. ¿Otras recomendaciones? Alberto Villarreal y Alberto Rebolledo. También busquen: El callejón de los libros. Mi mundo está en tus páginas. Cenizas de papel. Atrapado en la lectura. Lectura con lentes. Nube de palabras. Un lector nocturno. Hola, ¿qué leen? Y muchos ejemplos más. Cada país tiene sus booktubers.

La buena noticia es que la juventud sí lee. ¿La calidad de su selección? Hay de todo. La verdad, literatura de mediana calidad (es difícil encontrar que recomienden a un clásico, por ejemplo), pero no importa. Lo que se aplaude es el hecho de que los jóvenes se convierten en lectores y que llamen a otros para que, a su vez, lean. Lo rescatable es que desde adolescentes entran en contacto con los libros, con las maravillas del mundo de la ficción y una vez atrapados, es difícil que se salgan y más fácil que, poco a poco, comiencen a seleccionar mejor sus lecturas.

Son estudiantes, entusiastas de leer y de divulgar lo que aprenden o lo que disfrutan. También lo que no les ha gustado. Hasta el momento (y esperemos que no cambie), lo hacen de forma desinteresada y muchos se han convertido en verdaderos líderes de opinión sobre, claro, la literatura. Comienzan a crear comunidades. A tener grupos de “fans”. A ser reconocidos.

Al hacer un recorrido por internet, buscando páginas de booktubers, sobre todo en México, Chile, Colombia y Argentina (los cuatro países latinoamericanos líderes en este formato), llama la atención el hecho de que es una generación cuyos miembros saben utilizar los medios electrónicos y digitales: computadoras, celulares, Ipads y todos los “gadgets”, aplicaciones y programas disponibles para hacer y subir sus videos. Y saben explotar las redes sociales. Digamos que hablan el idioma del futuro (que es cada vez más presente) y, sin embargo, la mayoría recomienda textos que muestran a la cámara y que son los tradicionales libros de tinta y papel. Encuadernados, tangibles, con cuerpo, peso, aroma. Sí, los que los melancólicos de la lectura tradicional preferimos y esperamos que no desaparezcan, logrando una sana convivencia y equilibrio con los libros electrónicos.

También, al hacer un recorrido por internet, rescatamos muchos blogs convencionales (no en video, sino escritos) sobre libros y lectura. La cantidad de páginas de personas de todas las edades interesados en el mundo de la ficción, es alentadora.

En fin, que si hay cada vez más jóvenes leyendo, jóvenes que llegan a la lectura a través de los nuevos medios electrónicos y de interacción social virtual, en el futuro inmediato habrá cada vez más adultos apasionados de la lectura y, por lo tanto, beneficiarios de lo que la magia de la ficción nos ofrece. ¿Qué nos ofrece? A partir de la ficción, no sólo nuestro conocimiento del mundo sino nuestra comprensión de lo que está más allá del lugar en donde vivimos, se incrementa. Historias, escenarios y personajes nos ayudan a conocer más al otro, a saber más sobre nosotros mismos, a no dejar de hacernos preguntas. A poner en duda (una sana duda metodológica y filosófica) lo que vemos, escuchamos. Leer ficción nos ayuda a tener una imaginación más fuerte, más preparada para resolver problemas. Sobre todo, nos ayuda a ser más tolerantes, a comprender las diferencias, a aceptar lo distinto. A huir del mundo en el que la barbarie y el odio se imponen, tratando de ganar la guerra (creo que llevan toda la historia ganando muchas batallas). La ficción y la lectura nos ayudan a no perder la razón y, también, ¿por qué no?, a ser más optimistas. Inteligentemente optimistas, es decir, con bases reales y palpables para seguir creyendo en el ser humano.

 

Comments

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

today
• No te pierdas •