israel salon propaganda

Están siempre por ahí pero cuando Israel entra en una de sus guerras, aparecen muchos, muchos más a defender todas sus acciones, en general, como si no hubiera ni un asesinato de un niño qué lamentar, como si su ejército no hiciera pedazos edificios de gente inocente –con la gente adentro.

Dicen estar defendiendo a Israel pero, en realidad, protegen al gobierno y las fuerzas armadas israelíes, sin importar que haya otros israelíes y muchos judíos que manifiestan activa y valientemente su oposición. A ellos los aplastan, desprecian y segregan con calificativos como “traidores” y “judíos que se odian a sí mismos” (self-hating Jews).

Pocos de ellos tienen un pensamiento original: la mayoría repiten los argumentarios diseñados en alguna oficina de la hasbará, apoyados en infografías mañosas y videos que a veces muestran medias verdades y a veces son abiertamente mentiras.

Como éste video, que la web mexicana Enlace Judío encontró en algún lado, bajó, subió a YouTube sin dar las necesarias referencias ni decir de dónde lo sacó, y al que le dio como título “Muertos que se rascan la barba, llaman con su celular, mueven los pies…”

La calidad es muy mala. Si fuera un poquito serio o profesional, Enlace Judío aclararía en qué país ocurre lo que se muestra, cuándo, en qué contexto. Efectivamente, vemos a personas cubiertas como si estuvieran muertas y que no lo están, que se mueven y hacen bromas con el camarógrafo. Es obvio que no están tratando de esconder un engaño. Y más adelante, queda un poco más claro de qué se trata: se ven espectadores, es un evento público, y hay actores que simulan que matan a alguien y otros, que yacen como si los hubieran matado.

Es una representación cultural y política, queda muy claro, y pudo haber ocurrido en Turquía o en París, en cualquier año. Como la de la foto que pongo aquí abajo, de judíos que se oponen a Israel y están a favor de los derechos humanos en Gaza y Líbano. Pero en un desvergonzado intento de hacer la hasbará engañando, Enlace Judío lo presenta en YouTube como “los palestinos y su propaganda”, y en su propio sitio le pone ese título para preguntar, a manera de conclusión (y con sus mayúsculas), si a la gente de Gaza de verdad la están matando: “¿Están REALMENTE muertas las víctimas fatales?”

La gente que hace hasbará lo está posteando en donde los dejan. Y no parece que les importa que les demuestren que su argumento es torpe, además de falso, y quedar en ridículo: siempre insistirán.

Si uno se aburre o se hastía o no tiene tiempo, lo acusarán de intolerante, de fatuo, de tenerle miedo al debate (y de antisemita y de ser pro-Hamas, claro está, ésa nunca falta). Aunque no sea debate porque ellos no vienen a debatir, están haciendo su propia guerra, como veremos más adelante.

UN PLAN BIEN FINANCIADO

Hasbará es una palabra hebrea  que sus promotores traducen como “diplomacia pública”, aunque para sus detractores es claro que se trata de “propaganda”. Representa a un movimiento público –no clandestino— que cuenta con apoyos institucionales y privados. Surgió a fines de los años 70 y en 2001 fue creado, con apoyo del ministerio israelí de exteriores y fundaciones privadas, el programa de Becas Hasbará, que otorga apoyos económicos para actividades como entrenar a personas para actuar en redes sociales, desarrollar argumentarios (manuales con frases y técnicas para derrotar al rival en una discusión), instrumentar campañas en internet e incluso, montar “cuartos de guerra” con decenas de computadoras.

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Uno de ellos (el de esta foto) fue establecido por la Unión de Estudiantes del Centro Interdisciplinario de la ciudad israelí de Hertzeliya, el 8 de julio, primer día de la ofensiva contra Gaza. En su página de Facebook, la Unión celebró el 6 de agosto sus primeros 30 días de actividad: “18 horas al día, 670 voluntarios, millones de personas fueron expuestas a los materiales que creamos, páginas de Facebook en cinco idiomas y traducciones a otras 29 lenguas, más de 90 mil likes”, y se felicitó porque la oficina del primer ministro Netanyahu lo describió como “uno de los más significativos esfuerzos de promoción del Estado de Israel en días recientes”.

El 29 de julio, el embajador israelí en Países Bajos fue a visitar un cuarto de guerra en el barrio de Buitenveldert, en Ámsterdam, que empezó a funcionar dentro de una cafetería y se convirtió “en un espacio donde 80 personas pueden trabajar en dos turnos de 14 horas al día”, reportó la Jewish Telegraphic Agency.

Un objetivo específico de Becas Hasbará es la creación de grupos de activistas en universidades de Estados Unidos, para lo cual ofrece subvenciones con base en proyectos específicos, en especial para “uso de medios sociales”.

El 14 de julio, el gobierno de Netanyahu admitió la existencia de un programa revelado por el prestigiado diario israelí Haaretz, mediante el cual se utilizarían 3 millones de shekels (778 mil dólares) para ofrecer becas universitarias, parciales y totales, a estudiantes “para combatir en línea el antisemitismo y los llamados a boicotear Israel”. En colaboración con las uniones estudiantiles de siete universidades, la oficina del primer ministro Netanyahu va a crear “unidades encubiertas”

En cada institución académica, dice Haaretz, se formarán grupos “estructurados con un modelo semi-militar. El jefe de la unidad será un estudiante “coordinador senior” que recibirá una beca total. Debajo de él habrá otros tres estudiantes coordinadores, cada uno de los cuales encabezará tres burós, responsables de idiomas, gráficas e investigación. Estos coordinadores tendrán becas menores. Un grupo de estudiantes activistas, que recibirán estipendios nominales, trabajarán cada uno bajo un coordinador”.

Un requerimiento fundamental es que los participantes no se identifiquen como personal pagado por el gobierno de Israel, sino que se presenten como usuarios comunes y corrientes: de esta forma, otros facebookeros o tuiteros en el mundo pensarán que conversan con una persona de buena fe, como ellos, y no con un propagandista a sueldo cuyo objetivo no es intercambiar ideas, sino imponer la visión de Netanyahu o del gobernante de turno en Israel.

DECÁLOGO DE LA HASBARÁ

Publicado el 18 de enero de 2014 en la web Por Israel. Las negritas las pongo yo.

1. La guerra informática es otro campo de batalla y Ud. es parte de él

2. El derecho de Israel a existir no está sujeto a debate.

3. No acepte una división entre Israel y el Pueblo Judío. Son uno solo, unidos y dependiendo uno del otro para sobrevivir.

4. La “Hasbará” no se identifica con un partido político específico o doctrina ideológica. Apoyamos al Estado de Israel y sus instituciones.

5. Nuestra meta es convencer a los indecisos y evitar perder tiempo con nuestros enemigos.

6. Use hechos confirmados para la “Hasbará”, cada vez que ello sea posible.

7. Use un lenguaje cortés e información de fuentes fidedignas.

8. Céntrese en los puntos débiles de la argumentación de su opositor.

9. Use el prestigio de la tolerancia de Israel como arma a esgrimir

10. Todo aquel que desea ayudar, sin distinción de religión, ideología o inclinación sexual es muy bienvenido.

Esta lista refleja tanto la misión como las inconsistencias de las hasbará.

Con ella nos damos cuenta de quién es la persona que conversa con nosotros o cuestiona lo que pensamos:

1. No está ahí de buena fe, tiene un objetivo que es convencernos o desacreditarnos. Están en un campo de batalla.

3. La violencia del Estado de Israel está incrementando los peligros para los judíos en el mundo. Ya son muchos los judíos que se manifiestan en las calles y en Internet para mostrar su rechazo a las políticas de ese gobierno y dicen “no en nuestro nombre”. También se han registrado manifestaciones de miles de personas en Tel Aviv y otras ciudades israelíes de ciudadanos opuestos a la guerra.

Por decencia –no se puede compartir una política de matanzas de civiles— y por seguridad personal, en momentos en que se multiplican en el mundo las agresiones contra judíos que no tienen la culpa de lo que hace Netanyahu, se hacen dos importantes distinciones: Israel representa a sus ciudadanos, no a los judíos de los demás países; el gobierno de Israel no representa a todos los israelíes y muchos de ellos están en su contra.

Pero al estilo de los regímenes totalitarios, de Mussolini, Stalin y Hitler, aquí se exige fe incondicional en un dogma, Israel y los judíos son uno solo, y por lo tanto se impone como obligación de todos los judíos obedecer al gobierno de Israel, sin importar lo que haga.

4. En los hechos, la hasbará demuestra estar comprometida con la coalición de extrema-extrema derecha de Netanyahu, Lieberman y Bennett.

6. Hechos confirmados, “cada vez que sea posible”. Si hay que recurrir a las mentiras, ni modo, es un campo de batalla.

7. ¿Lenguaje cortés? Con frecuencia, bajan a las acusaciones de “antisemita”, “pro-Hamas” y otros insultos más coloridos. ¿Fuentes fidedignas? ¿Las del gobierno de Netanyahu?

8. Céntrese en los puntos débiles… es decir, ignore los argumentos sólidos a los que una persona de buena fe debería atender.

9. Use el prestigio de la tolerancia de Israel… si lo que ha puesto aquí es un “decálogo” para el combate y la intolerancia.

EL DEBATE CON MEYER Y LA HASBARÁ

El movimiento de la hasbará es descentralizado y en cada rincón del mundo se puede formar uno, con financiamiento público o privado. Habrá gente a sueldo, otros tendrán apoyos económicos parciales y muchos más, serán voluntarios convencidos de que lo más importante no es la verdad, los derechos humanos o la justicia, sino proteger a Israel, su gobierno y su ejército, a toda costa.

Por mi muro, aparecen con frecuencia. Obviamente, no tiene sentido discutir con cada soldado de un batallón de clones tercos, cuya misión es sabotear, incordiar y desacreditar.

Pero a veces uno no se da cuenta y entra en discusiones con gente que está haciendo hasbará, tal vez no siempre de una manera consciente ni abierta, pero que actúan como tales: esparciendo mentiras y negándose a reconocerlas cuando las demuestran.

Por ejemplo, está el caso del prestigiado fotógrafo mexicano Pedro Meyer, que abrió su polémica de la semana pasada con un artículo sin firma (nadie se hace responsable), en inglés, en el que se afirmaba que el New York Times justificaba su mala cobertura de Gaza en la mediocridad de su fotógrafo Tyler Hicks. Mezclando citas reales e inventadas, atribuidas y anónimas, el texto creaba la idea de que alguien tan prominente en ese periódico como su jefa de comunicaciones describía el trabajo de Tyler como “una porquería” (“sucks at his job”). Con esto no sólo dejaban al periódico admitiendo un mal desempeño en Gaza, sino que además lo exhibían como desleal ante sus propios empleados. Meyer lo posteó en su muro con un “LO QUIEREN ASÍ O MÁS CLARO”, en mayúsculas.

Pedro Meyer no puede leer lo que pongo en Facebook porque, a pesar de que tras largas argumentaciones quedamos en plan amistoso, con intenciones de un encuentro futuro, él resolvió bloquearme. Supongo que se hartó del debate que él mismo inició.

Si no lo hubiera hecho, podría enterarse de que ya alguien se ha ocupado de demostrar que el artículo sobre el New York Times se basa en falsedades y que el periódico jamás despreció el trabajo de su premiado y valiente fotógrafo Tyler Hicks. La describe como “una obvia mentira sensacionalista

(De hecho, como buen mentiroso, un bloguero de hasbará tradujo el artículo falso al castellano y lo reprodujo como sin explicar que no lo escribió él.)

A Meyer le hubiera dado igual, sin embargo. Si él no está haciendo hasbará conscientemente, por lo menos actúa como quienes están en eso porque se aferra a las falsedades aunque le muestren la evidencia. En su muro, publicó una supuesta carta de Joan Manuel Serrat a la gente de Gaza en la que Serrat les pide portarse bien y obedecer. No fue el único: diferentes webs de la hasbará la reprodujeron, como La Opinión Judía. Pero es otra mentira: en realidad, la escribió la cantante israelí Noah, hace cinco años. Se lo señalaron y le pidieron retirar el post, pero Meyer se negó a hacerlo porque bastaba, dijo, con que la gente siguiera el debate en los comentarios. Pero decenas de personas que no tienen tiempo para seguir todo lo que aparece en Facebook sólo leyeron la carta y, sin darse cuenta de la falsedad, la compartieron, ampliando el impacto de la mentira.

Lo mismo ocurrió con una supuesta portada de los años 30 del mismo New York Times que demostraría, según Meyer, que el diario siempre ha sido antisemita. Una revisión cuidadosa dejaba en claro que se trataba de una portada falsa, como mostró uno de sus interlocutores, y alguien además aportó un artículo donde revelaban el engaño. Meyer reaccionó molesto y no varió su posición.

Estos antecedentes me hacen suponer que, en esta ocasión, de manera similar, pretendería que nada ha pasado y que el New York Times admitió sus fallas e insultó a su fotógrafo (otros añaden, además, que Tyler admitió haber trabajado “con miedo de Hamas” en Gaza, lo cual también es falso). Aquí pongo el vínculo a la interesante entrevista que le dio Tyler al periódico y en donde no hay referencias a nada de esto, porque no ocurrió.

Lo que los hasbará proponen no es debate, sino oportunidades para esparcir su propaganda, quitarle el tiempo a la gente y, si se puede, tratar de desacreditarlos con el argumento de que no quieren debatir.

A veces es difícil distinguirlos de las personas de buena fe. Pero su recurso a la mentira, la terquedad y el insulto, exhibe sus intenciones. Cuidado con eso y con creerse las falsedades que difunden.

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Haz clic aquí para leer mi artículo “Y los judíos, ¿por qué están haciéndoles a otros lo que les hicieron a ellos? Respuestas para ésta y otras preguntas sobre el conflicto palestino-israelí”.

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ACTUALIZACIÓN 10 DE DICIEMBRE:

Boquiabierto y patidifuso me dejó la determinación del lobby latinoamericano pro-Israel por llegar a todos los públicos. El kitsch no supone un límite para la hasbará

¿Qué habrán pensado los israelíes cuando transmitieron en su país este video de apoyo a su gobierno?
¿Cómo lo habrán recibido los sofisticados creativos publicitarios de Tel Aviv?
¿Estarán ganando una batalla que los adversarios de la ocupación ni siquiera están peleando?

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