GABO-PERIODICOS-DOS

Yo soy de esas periodistas que nunca conoció a Gabriel García Márquez personalmente; de esas que ahora que todo mundo cuenta, no tiene una anécdota qué contar; de esas que no tuvo la fortuna siquiera de que le autografiara alguno de sus libros. Ni Cien años de Soledad, ni El amor en los tiempos del cólera, la segunda novela, por cierto, que me hizo llorar.

Pero soy de esas que admira y siente devoción por un gran periodista que amaba el periodismo, y que nos ha dejado una de las herencias más valiosas a quienes como él, amamos “el mejor oficio del mundo”.

Muchos de nosotros aprendimos sus lecciones cuando hablaba en una charla pública; en ruedas de prensa, reproducidas después por los periódicos del mundo; en escritos y en entrevistas, escasas pero inestimables.

Yo pienso que quienes ejercemos día a día esta profesión es porque de alguna manera nos llena el alma, nos apasiona, nos emociona, nos conmueve.

Pienso que como dijo Ryszard Kapuściński, para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser “buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

Pienso que Gabo contaba historias de manera extraordinaria, y nos regalaba reflexiones para que entendiéramos las dificultades, las tragedias, las intenciones y los intereses de los demás; tanto de seres humanos normales que como cualquier ciudadano de América Latina sufría los embates de malos gobiernos, de pobrezas extremas, de violencias inmerecidas, o de pueblos alegres a pesar de todo; como de seres humanos con poder. ¿Qué periodista no querría conocer de cerca, analizar o intentar inmiscuirse en la mente, en las motivaciones, en los pensamientos de quienes influyen en el mundo… de quienes gobiernan o mal gobiernan el mundo?

El pasado viernes 18 de abril, al día siguiente de la muerte de Gabo, me levanté y de manera compulsiva, lo primero que hice fue ir a mi puesto de periódicos para comprar al ‘Kiosquero rockero’ –un adorable y rechoncho amante del rock- un ejemplar de cada diario.

Quería dedicarme a leer, sobre el papel, cómo los periódicos habían contado la muerte de uno de los grandes. Ahí estaban ante mí todas las portadas, los textos, las reflexiones, las opiniones literarias, y el cúmulo de anécdotas de quienes lo conocieron. Estaban ahí en papel, destinados a ser leídos y luego guardados en mi pequeña hemeroteca, esa a la que tanto apego le tengo, y que ha viajado de México a Madrid hace trece años y vuelta a México hace uno.

Leo y me encanta sobre todo, leer más lecciones de periodismo. Me detengo en la crónica de un gran ‘cuaderno’, Salvador Frausto, que retrata la faceta del Gabo alegre; y me parece que esa fue la característica que dominó su vida. La alegría de color amarillo.

Leo entonces estas dos cosas maravillosas, que dijo Gabo, a los reporteros que entonces trabajaban con él en la revista Cambio: “No hay mejor historia que la que el reportero quiere contar, las que imponemos, siempre quedan mal”.

Y otra que narraba, que en medio de una junta para decidir la siguiente portada de la revista, dijo más o menos así: “hay que exponerlo con fuerza, con contundencia… Si nos equivocamos nadie lo va a recordar, pero si acertamos, nadie la va a olvidar”.

Luego vino un fin de semana largo, leyendo en periódicos, medios digitales y en redes sociales todo tipo de variopintos comentarios; pero de entre esta lluvia de lecturas rescato otras citas que tienen que ver nuevamente con nuestra profesión, ahora que camina sobre arenas movedizas.

“La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”. Gabriel García Márquez, El mejor oficio del mundo. Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, 7 octubre de 1996.

“En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen”.

G.M. en María Elvira Samper, “El general en su laberinto es un libro vengativo”, en Semana, Bogotá, 14 de marzo de 1989.

Y finalmente esta joya, para todos nosotros, tus alumnos: “Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad”.

García Márquez regresa al calor del reportaje. Alex Grijelmo. El País, España. 13 de diciembre de 1998.

Una vez más gracias Gabo, por todas tus lecciones.

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